sábado, mayo 13, 2006

Dicotomías

Saludos, estimados lectores (eco, eco... vacío). Estoy a punto de terminar un cuento al que he puesto por título "Kernel 1.0". Si hay alguien interesado, lo podrá encontrar en Grupo Alción (probablemente, aunque igual me decido a mandarlo a algún otro sitio, nunca se sabe). Es un poco diferente, sobre todo en temática, a lo que he escrito anteriormente.
Desde luego, el personaje será un fumador.
No es que pretenda hacer "guerra sucia", lo cierto es que me da absolutamente igual si la gente fuma o no. El único motivo por el que deseo que fumen es que, de no hacerlo, convertirían el tabaco en un bien (BIEN) minoritario, y sería más complicado hacerse con él. Ahora debe estar hasta prohibido hablar de los beneficios del tabaco, pero piénsenlo: Terminaremos todos en la cárcel tarde o temprano.

Como en una buena sociedad (justa, democrática y parlanchina) tenemos leyes para todo. Vivo en Madrid. No sé si la habrán quitado, pero hace años había una ley, supongo que sigue habiéndola, que prohibe correr por la calle. Claro, tenemos centros habilitados para eso. También hay una ley que prohibe (expresamente) situarse fuera de la acera. Un ejemplo sería: Llegamos tarde al autobús, no tenemos dinero, corremos para cogerlo, esperamos diez centímetros fuera del bordillo... ¡A la trena!
Algunos (perspicaces) lectores argüirán: ¡Esto no sucede! Cierto señores, no sucede, somos seres libres bien-pensantes, que incluso tenemos la suprema libertad de echar una "carrerita" para coger el autobús. Pero incluso de las leyes más absurdas se infieren las consecuencias más crueles. Vivimos en un Universo Kafkiano, gobernado por la burocracia y leyes que, salvo que seas abogado, es imposible conocer (al menos todas). Las leyes, en teoría, protegen al ciudadano sobre los posibles abusos. Sí, es igual que al pobre Joseph K., al cual incoan un proceso que no conoce pero... ¡Alabemos! el sistema le da las armas para defenderse. Podremos decir al juez (que, probablemente fumará sustancias prohibidas, esperémoslo por nuestro bien) que "es una ley absurda". El buen juez nos comprenderá y pondrá cara de circunstancia: No estamos aquí para discutir la ley, sino para cumplirla.

De leyes tan absurdas como éstas se deduce que la ley está creada para pillarnos. La diferencia con el método stalinista es que, dentro de su crueldad, era más humana. Podemos ver cómo desaparecen, a medida que son eliminados por el "capo" de turno, los miembros del partido de la foto. Los pobres habían cometido el pecado (supremo) de no cumplir los dictámenes del jefe (o ya no eran útiles). Recuérdenlo cuando hablen con el juez, amigos lectores, porque ay de ustedes si no tienen un trabajo cuando sea dictada la sentencia: ¡Será motivo agravante!
Nuestra "democracia" es una "dictadura de la clase política". Por decir esto, de no contar con los servicios de un buen abogado, me podrían encarcelar. Existe también una ley que, en teoría, sirve como defensa del ciudadano: Si se expresa una opinión, no es motivo de delito. En Alemania aún encarcelan a señores historiadores por dar su opinión (estemos o no de acuerdo con lo que dice, no deja de ser una opinión). Llegamos a un tiempo en el que, cualquier idea que escape ligeramente a los "ideales establecidos" es objeto de burla cuando no condena implícita.
Señores (y señora o señorita que amablemente me lee), rasguemos de una vez nuestras vestiduras y recordemos el pasado. Hubo condenas y matanzas, y las habrá en el futuro, pero dentro de este salvajismo medieval... encontramos a un ser humano capaz de, por vez primera, ser hombre. Aquellos hombres, en su suprema estupidez, eran doctamente sabios, casi divinos en su falta de conocimiento. De sus enseñanzas perviven la cábala y la Biblia... No sabían qué era un ordenador, pero dedujeron las leyes de pensamiento basadas en silogismos (que luego aplicaría la informática en la programación). No sabían nada de leyes y, sin embargo, tuvieron la fuerza para poder pecar.

Amigos míos, no hablo de tabaco: Fumemos un minuto.

4 comentarios:

silvia dijo...

hace tiempo que te leo, pero no estoy de acuerdo con todo esto que dices.
sacas una historia de quicio para tratar de demostrar cuestiones personales, y en eso no estoy de acuerdo
felicitarte por tus paginas, que hace tiempo que sigo con interes, pero decir tambien que no creo que la situacion sea tan mala como la pintas
un beso, silvia

Martín Cid dijo...

¡Viva usted feliz!

Anónimo dijo...

JEJEJ

Martín Cid dijo...

¿Onomatopeya de la risa? Dos letras, vertical.