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viernes, noviembre 12, 2010

Silencio

Desesperado con el asunto literario, desesperado con Mourihno, desesperado con cierto parque llamado Eva Perón del que pienso escribir un largo artículo este fin de semana… desesperado con una España que no termina de funcionar, con un sistema de prohibiciones y con un Estado del Bienestar que no me convence… desesperado con los hombres a medio hacer, en medio de nada por querer estar en medio de todo, malos intérpretes del verbo latino, ignorantes de las griegas verdades y las hoy internacionales mentiras mediáticas.
Miente el que calla.
Pero miente más el que habla.
Por eso hoy, prefiero callar.

martes, junio 29, 2010

Lo que todo el mundo piensa, por Martín Cid

http://www.martincid.com

No sé si será que me estoy haciendo mayor o que el estado de las cosas no da para otro lema que el de “cualquier tiempo pasado fue mejor”, pero lo cierto es que estoy últimamente recordando mis tiempos en la Universidad. Fue en primero o en segundo cuando alguien me dijo (en el bar, por supuesto) que había que leer un libro escrito por una tal Noelle Neumann (alemana, sí). Si me hubiesen comentado algo de un trabajo en grupo o alguna otra actividad, la cosa no habría pasado del clásico “pídeme otra copa”, pero lo cierto es que un libro siempre alimenta el espíritu.
Noelle Neumann ha muerto hace poco (en marzo). Sin duda convendría recordarla un poco. Su aportación más famosa fue la teoría de La Espiral del Silencio. Dice más o menos (que por una vez no voy a copiar la definición de ningún sitio) que una persona no declarará a favor en un tema cualquiera cuando la opinión pública hacia ese tema es claramente contraria. Así se genera “la espiral del silencio” en la que nadie dirá nada si no es a favor de la opinión pública. Tengamos en cuenta que esta señora nació en 1916 y, por tanto, vivió algún que otro conflicto mundial.
Hoy en día esta teoría (que ya no sé si llamarla principio, porque comienza a ser bastante evidente) tiene una feroz validez no sólo en el campo del periodismo o de la comunicación de masas, sino en todo fenómeno cultural. Los libros se han reconvertido en una especie de panfletos de lo políticamente correcto y lo mismo ocurre en la TV, en el cine, en la política y hasta en el deporte… todos ellos sometidos a la eterna rotación de esta espiral.
Pero más allá de los medios de comunicación, esta espiral también tiene su efecto en una conversación mundana, en la que todos procuran adherirse a la opinión más popular para no caer en el silencio y comenzar a ser una minoría (la que se supone está equivocada).
Después de esta introducción, si quieren un tanto excesiva, iré al grano, les haré una pregunta (sí, soy una mala persona, lo tenía preparado desde el principio): ¿no han notado una gran diferencia entre lo promulgado en los medios de comunicación y la opinión de la calle? Todos los días me topo con una expresión tipo “mentiroso”, “fullero” o “mangante” (por no hablar de otras que suenan bastante peor) cuando aparece algún político en la televisión.
Las claves de esta desconexión son varias. Por un lado, vemos una creciente desconfianza en los protagonistas del sistema (los políticos) que no han sabido crear un clima de opinión pública favorable a sus intereses, sobre todo debido a la crisis económica mundial. También está el tema de la emergencia de nuevos medios de comunicación que van más allá del clásico esquema de emisor-receptor. Hablo sobre todo de internet, un nuevo mundo en el que ya está casi todo el mundo y que, por ahora, se escapa del control político al que siempre han sido sometidos los medios de comunicación. Desde mi punto de vista llegará el día en el que también internet estará controlado, sí… pero ese día aún no ha llegado.
Así y con todo, el ciudadano se siente hoy más que nunca imbuido en esta espiral del silencio por una razón: aún estando en la mayoría y sintiéndose identificado con sus semejantes, la opinión pública parece ir en contra de la opinión mayoritaria, intentando sostener la burbuja capitalista a base de medidas cuanto menos dudosas.
Y hablando de cuestiones dudosas: ¿de dónde vienen siempre las grandes soluciones? Claro está, del país que mantiene el imperio (en este caso, un imperio más económico que territorial): los Estados Unidos de América. Alguien dijo una vez (yo en un bar: ayer, 10 de junio del 2010) que las crisis económicas que a partir de 1929 asolaron Europa y América fueron las verdaderas causantes de la II Guerra Mundial. Ahora se critica a Bush por emplear esta misma economía de guerra, pero lo cierto es que ya sus ilustres antepasados en el trono (perdón, presidencia) lo habían hecho con más o menos éxito (que nadie se olvide de Vietnam). Y es que reza un principio del capitalismo financiero que el dinero tiene que estar en constante movimiento para que el invento funcione, así que el recorte en el gasto público (y demás soluciones chapuceras) no hará más que dejar a los pobres funcionarios sin dinero, lo que revertirá en un menor consumo y una menor fuerza económica del país del que hablemos. Cualquier política de recorte supone ir en contra del propio sistema y se erige en una especie de “parche pasajero” que nada va a arreglar a la larga.
(Lo sé, en mi párrafo anterior no he descubierto precisamente la pólvora)
Ya habrán deducido, inteligentes lectores, la solución final del asunto (sí, soy consciente de las connotaciones de “solución final”). No hablaré sobre este asunto porque la espiral del silencio me da mucho miedo y enturbia mis sueños, ni pronunciaré el final anunciado de esta crisis en manos de políticos herederos de la economía de guerra que ya llevó a Europa a la catástrofe. ¿Por qué? Porque la espiral del silencio es poderosa y me dirán ustedes: ¿cómo vas a decir que esto terminará en una (palabra que empieza por g y termina en a)? No, en absoluto, no predigo una nueva Guerra Mundial, pero sí que, como en anteriores ocasiones, algún país (y esta vez tendrá que ser algo mayor que Afganistán) vendrá a pagar los platos rotos de la maltrecha economía de los países del llamado capitalismo financiero.
De esta manera, ya lo supieron los antiguos, el dinero volverá a fluir y cambiar de manos y saltar y correr como rezan los principios de la economía de guerra.
Diría ahora Noelle Neumann: calla la boca, que no estás diciendo lo que pregona la opinión pública.
Y es por eso que hablo ahora, ahora que la opinión pública ficticia se ha debilitado ante unos ciudadanos descreídos.
Y es por eso que hablo ahora, ahora que se emplean los derechos humanos como bandera con la misma rapidez que se prende fuego a dicho emblema.
Así, cada día me despierto y leo los periódicos esperando la noticia, la que acabe con la crisis (y con cientos de vidas humanas).
Esto es Occidente.

**Martín Cid es autor de las novelas “Ariza”, “Un Siglo de Cenizas” y “Los 7 Pecados de Eminescu”, y del ensayo “Propaganda, Mentiras y Montaje de Atracción” (editorial akrón, 2010).
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Artículo publicado en:
http://www.lanaciondominicana.com/ver_opinion.php?id_opinion=1779

martes, junio 15, 2010

El Fenomeno Gump, por Martín Cid


El modelo Gump
por Martín Cid
http://www.martincid.com

Como hacían en tiempos de Shakespeare, voy a empezar como se debe: pido disculpas de antemano por lo que se disponen a leer. Probablemente ustedes sean lectores inteligentes y cultos y no merezcan ser incluidos en las filas de los que en breves momentos vamos a describir. A usted, lector inteligente, le doy mi más sentido pésame.

Para quien dude de la sabiduría de los antiguos, ya lo resumió Henrik Ibsen en una frase: la mayoría de los hombres son idiotas y, por tanto, la posibilidad de que un idiota llegue al poder es infinitamente mayor que la de que lo alcance un hombre con verdadero talento.
Contiene esta frase la quintaesencia del modelo Gump.
Ya no tenemos más remedio que rendirnos.
¿No saben qué es el modelo Gump? El modelo Gump.

¿Cuándo comenzó el magnicidio? Lo desconozco y no puedo aventurarme a dar una fecha exacta. El 6 de junio de 1944 comenzó el desembarco de Normandía, con lo que se afianzó (dicen los más sabios del lugar) la supremacía moral norteamericana. Digo moral con todo el sentido irónico que mereció y merece. A partir de entonces, comenzaron una serie de hecatombes físicas y psíquicas que desencadenaron en la actual aquiescencia para con el modelo “democrático” actual que formó el ya por todos conocido “fenómeno Gump”. Hasta aquí, todo más o menos bien y todo más o menos políticamente correcto.
Sí, antes ya habíamos llegado a grandes cotas de libertad humana con el sufragio universal y la Revolución Francesa y demás grandes manifestaciones del espíritu humano. Todos estos acontecimientos son considerados por los más sabios expertos como los antecedentes del modelo Gump.
Con la victoria de los Aliados comenzó el aparato propagandístico a dar sus frutos. Un hombre como McCarthy llegó a afirmar que el comunismo estaba creando niveles de homosexualidad alarmantes en las tropas (es un ejemplo anticipado para que vean hasta donde ha llegado el nivel de desarrollo dialéctico del modelo).
La victoria americana no supuso sólo la afirmación militar de “espera a que se cansen, que luego vendremos nosotros como salvadores”… ni la creación de un “nuevo” (las comillas son por el “cachondeo”) sistema de “valores”, sino el reconocimiento mundial de esos “valores” (por muy estúpidos que a veces hayan sido éstos).
Mucho tiene que ver este sistema moral con el “sueño” americano (cualquier tonto puede llegar a Norteamérica sin talento ni dinero y hacerse un hombre de pro) y muy explicado está en la película Forrest Gump (sin comentarios): héroes en una historia efímera que apenas tiene un siglo de existencia.

Principios y verdades del modelo Gump:
Con el paso de los años el modelo Gump se ha extendido y ha dado lugar al cual cáncer en las sociedades modernas: cualquier persona, por bajo que tenga el cociente intelectual, puede llegar con esfuerzo a hacerse el amo del mundo. Dícese: el modelo Gump niega cualquier trascendencia del factor talento o inteligencia en la consecución de los fines.
Por cierto, y lo digo desde ya: el modelo Gump se basa en la propaganda (lo dijo Goebbels: la propaganda debe ser vulgar para así llegar a un mayor número de personas). Un modelo propagandístico (también lo dijo el mismo nazi) se debe basar en la verdad y no se debe mentir porque entonces el pueblo no se lo va a creer.
Dícese: el nivel de aquiescencia para con la realidad ha de ser directamente proporcional con el nivel de estupidez. Conclusión: el modelo Gump no funcionará a no ser que sea comprobable y se den al público ejemplos prácticos de su buen funcionamiento. Ya he nombrado a McCarthy (el mismo de la “caza de brujas”, otro modelo propagandístico a imitar: se interrogaba a los actores si eran comunistas porque los actores de Hollywood tenían algo, credibilidad y publicidad y público). Hay algún que otro ejemplo de gran triunfador con escaso cociente intelectual que ha llegado, incluso, a Presidente de EE.UU.
El modelo Gump tiene muy en cuenta el pasado y la consecuente ruptura con el mismo de cara a su éxito. Si en el pasado el valor del hombre venía de una mezcla entre valores morales y sociales, en el actual (basado en una falsa idea igualitaria, no lo olvidemos) se prescindirá de los morales de cara a afirmar el propio modelo, de tal manera que la valía personal de Forrest vendrá determinada por el único factor del éxito social cosechado, y éste vendrá únicamente determinado por el éxito económico.
Asimismo, el modelo Gump afirma el nivel máximo de satisfacción del individuo Gump, ya que cualquiera está capacitado para su práctica y a mayor número de practicantes mayor será el nivel de satisfacción mutua.
El modelo Gump debe ser constantemente alimentado desde los medios de comunicación, no vaya a ser que nuestro Forrest se sienta solito y deje de creer en el modelo. Esto se logra a partir de lo anteriormente expuesto: tendremos individuos Gump en puestos de compromiso y públicos, de tal manera que no sea necesario adoctrinarlo en el empobrecimiento lingüístico o metafísico. Ellos mismos serán capaces de deleitarnos espontáneamente con alguna reflexión propia de un primate.
El modelo Gump debe sorprender constantemente: no importa cuán estúpido parezca el comentario, no olvidemos nunca que más estúpido aún puede ser el receptor del mensaje.
El modelo Gump se basa en la eficacia de la doble negación de la cuádruple raíz del principio de estupidez suficiente: siempre hay alguien más tonto con las mismas oportunidades. El nivel de oportunidad de cualquier individuo viene determinado directamente por su nivel de creencia en el modelo, por lo que cualquier no-creyente será automáticamente excluido por los propios creyentes (y practicantes). Dícese: cualquier persona que crea que por superar los ochenta puntos de cociente intelectual pueda llegar a tener más posibilidades que cualquier otro será “democráticamente” excluido del sistema de la mayoría.

Sin embargo, algunos expertos (que entre todos afirman haber leído un número de libros no menor a dos ni superior a cinco) han señalado que en este proceso de involución, el futuro del hombre filosófico puede verse seriamente amenazado. Famosos antropólogos han observado gestos primitivos en las nuevas generaciones que refuerzan la idea de la vuelta al primate.
Los defensores del modelo Gump han contestado con acierto a los antropólogos:
¿Una involución? No, un nuevo comienzo para la Humanidad.

**Martín Cid es autor de las novelas “Ariza”, “Un Siglo de Cenizas” y “Los 7 Pecados de Eminescu” y del reciente ensayo “Propaganda, Mentiras y Montaje de Atracción” (editorial akrón, 2010).

Artículo publicado en:
http://elrepublicanodigital.blogspot.com/2010/06/colaboracion-martin-cid-el-modelo-gump.html

http://elfarobalear.blogspot.com/2010/06/el-modelo-gump.html