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martes, noviembre 01, 2011

Voy a dejar de fumar


Por supuesto, ni pienso ni quiero ni me apetece pero me ha parecido divertido para empezar un post que ni tiene sentido ni parecer ni fin. Hace tiempo que no escribo nada aquí así que quizá a alguien le interese (que sé que será a nadie, como casi siempre) información sobre mis últimos movimientos en pos del (nulo) interés público:
1.- Sigo fumando y bebiendo a partes iguales porque soy partidario del lema latino in medio virtus.
2.- Ando buscando agente en el extranjero porque España… mi querida España ya no es tan querida.
3.- No pienso votar en las próximas elecciones porque quiero que pierdan los dos (razón por la cual me llevaré un chasco seguro).
4.- Ya tengo el título de mi próximo libro pero como va a ser un best-seller no lo digo.
5.- Creo que para escritores como yo deberían inventar un nuevo criterio clasificatorio: los worst-sellers.
No estoy demasiado brillante porque tengo resaca.

viernes, noviembre 12, 2010

Silencio

Desesperado con el asunto literario, desesperado con Mourihno, desesperado con cierto parque llamado Eva Perón del que pienso escribir un largo artículo este fin de semana… desesperado con una España que no termina de funcionar, con un sistema de prohibiciones y con un Estado del Bienestar que no me convence… desesperado con los hombres a medio hacer, en medio de nada por querer estar en medio de todo, malos intérpretes del verbo latino, ignorantes de las griegas verdades y las hoy internacionales mentiras mediáticas.
Miente el que calla.
Pero miente más el que habla.
Por eso hoy, prefiero callar.

viernes, octubre 29, 2010

Fin de semana

Como cada fin de semana daré mis recomendaciones a las que, espero definitivamente, no les hagáis ningún caso.
1.- Literatura
Libros a leer (un poco). Podéis empezar con un poco de Schopenhauer y seguir con algo liviano (Kierkegaard o algo así). Después de eso, sólo tendréis ganas de salir a beber.
2.- Deporte.
Mucho deporte, como siempre. Ya sabéis eso de mens sana in corpore sano. A mí me ha funcionado (eso sí, a la inversa).
Por cierto, el sábado juegan Madrid y Barça. El Barça creo que es en abierto (contra el Sevilla) a las 10. El Madrid no lo sé.
4.- (sí, antes venía el tres) Evitar los vicios
Nada de pastillas ni cosas así, que luego la cosa termina con dudas sobre la propia naturaleza (si no las hemos tenido tras leer a Schopenhauer).
Por vicios no hablo de alcohol ni tabaco (son, claramente, una necesidad del espíritu).
5.- Finalmente: nada de disfraces en Halloween.
Mis razones tengo: cada vez que saco la capa en Halloween me dicen que voy disfrazado.

Feliz fin de semana a todos y haced lo que os venga en gana.

jueves, septiembre 09, 2010

Aniversario del Nacimiento de Tolstoi

Grandes literaturas pocas hay: la española, la inglesa y la francesa, desde luego, pero también (y no menos importante) sobresale la gran literatura rusa, madre de tantos grandes autores. Liev Tolstoi fue tal vez el más grande novelista clásico de todos los tiempos, en cuanto a manejo de personajes y estructura literaria, en esas grandes obras publicadas por entregas que cobraba a millón la página. Tolstoi escribió primero Guerra y Paz entre 1865 y 1869 para redactar seguidamente Anna Karénina entre 1875 y 1877, sus dos novelas más famosas. Tolstoi supone el culmen de la novela en cuanto a cohesión de personajes con el trasfondo histórico-social que les rodea. Ya decía Kerouac que no había encontrado novela más perfecta que Guerra y Paz. Quizá tenga razón porque se trata de una obra nacida de la imperfección: de la imperfección de un pueblo que lucha y se apiada en el paradigma de huir y enfrentarse, entre el odio y la miseria y entre la paradoja de ser cobarde para poder existir. ¿Heroísmo? Grandes diferencias vemos con otro gran escritor ruso como Dostoievsky, sí, pero también enormes similitudes: si en Tolstoi este tiempo de cambio se vive como algo histórico en el propio contexto de la novela, este mismo contexto es el configura la psicología del personaje en Dostoievsky. El asunto de Napoleón ha cambiado tanto a P. Bezukhov como a Raskolnikov. Si bien los trasfondos son diferentes, los personajes rusos siempre se han visto abocados a este devenir histórico que modifica sus vidas y conciencias (también en los casos de Gorki, Pushkin, Turgeniev y Gogol). Tolstoi es el más perfecto por ser el modelo más puro, el escritor de los grandes espacios abiertos como Dostoievsky es el narrador de la tortuosa ciudad, el hombre que mejor trata una novela que podríamos calificar fácilmente de “inglesa”: fiestas en sociedad y frivolidad y grandes viajes y personajes excéntricos y grandes damas que siempre se mantienen en pie (mucho tiene que ver la Scarlett de Lo que el Viento se Llevó con la Sonia de Guerra y Paz). La grandeza dentro de la miseria de la guerra y la miseria dentro de la selecta sociedad: como todos los grandes, la novela se construye en torno a paradojas que se reconstruyen y cambian dentro de la propia narrativa interna del relato. Dostoievsky se cierra hacia lo interior, Tolstoi se erige en su antítesis porque el exterior se adueña de la idiosincrasia del personaje, de las costumbres de sus miembros y de la tierra seca y nevada que un día les vio crecer. Ahora sus personajes vuelven a rezumar vida cuando menos nos lo esperamos, con una Anna Karénina esperando el tren. Nunca estuvo más viva.

martes, septiembre 07, 2010

Literatura y fútbol

Hecho innegable: pocos son los escritores aficionados al fútbol. ¿Fenómeno de masas contra la reivindicación del individuo que siempre ha supuesto la literatura? Pocos son los escritores que abiertamente admiten su gusto por este deporte. Estaba Camus y, que yo recuerde, sólo yo. Supongo que otros habrá y seguro que otros habrá, quizás callen éstos, quizá sus razones tendrán, quizás estemos los demás equivocados.
Me gusta el fútbol porque me hace escapar de lo mundano, que son para mí las palabras. Es mundano el fútbol porque a muchos gusta y elegantes las palabras a ritmo porque son patrimonio de unos pocos. No soy de los que gustan de lo popular, más bien de lo selecto.
¿Por qué me gusta el fútbol? Quizás dentro del diletante y esteta sobreviva aún el esclavo que un día también fui. Hoy soy tan pobre como libre y tan libre como esclavo, por eso me gusta el fútbol que nada pide salvo la eterna fidelidad a unos colores que desgarran y alegrías, a veces, también dan.
Me gusta el fútbol por la lucha que nunca termina, porque el éxito se olvida a la mañana siguiente y porque nada permanece. Me gusta el fútbol porque me gusta el F.C. Barcelona y vivo en Madrid y eso es lucha y porque todos los que me rodean son del Real Madrid y porque detesto a Cristiano Ronaldo y sus piscinas olímpicas y sus salidas de tono de estrella del rock sin talento y porque me gustaba Stoichkov y también Messi, pero por qué no Zidane.
Me gusta el fútbol porque me hace sentir humano.
Por eso, también, antes de convertirme en escritor, me gustaba la literatura.

viernes, julio 16, 2010

El diablo enamorado de Jacques Cazotte, visto por Martín Cid




Situémonos, amigo lector... Francia, siglo XVIII. Sí, es el denominado "siglo de las luces" y otros apelativos históricos que tan bien sirven en los libros de texto. Pues bien, hoy toca hablar de un autor poco conocido, muy citado en los anales de la literatura ocultista, desconocido para el gran público y tachado de "amable y original" por sus contemporáneos.

"El diablo enamorado" es un ejercicio de excentricidad para la época y una novela amable para nuestros días. Bien, he aquí que exponemos las ideas comúnmente aceptadas sobre el término. Se han vertido también lo que se suelen llamar "ríos de tinta" sobre este texto en particular. ¿Por qué? Bien, parece ser que la novela contiene una trama cabalística interna y desvela misterios que las sociedades ocultas de la época pretendía no desvelar. Adivinen qué sucedió: persecución y demás mandangas (aunque pensamos que al propio Cazotte no le haría demasiada gracia su propio ahorcamiento).

¿Quién era Cazotte? ¿El espíritu burlesco del que nos hablan las biografías? ¿El ser profundamente sabio y versado en literatura oculta que nos han querido hacer ver? Probablemente se trate de un ilusionista, eso sólo y nada más, citando a otro famoso ilusionista posterior. Extravagante, polifacético... un autor de ideología monárquica (uy, uy, uy..., que quizá el ahorcamiento sobrevenga por otros motivos... no, amigo lector, este narrador está bromeando, no podría ser de otra manera). Jaques Cazotte era un buen padre de familia, contemporáneo de Saint Germain y Caligostro. Dicen que predijo su propia muerte y la Revolución... Ilusiones, como todo, pero el mundo es más bonito con ilusiones, ¿no les parece?

Argumento: Don Álvaro, un noble español, por dárselas de "machito" va con unos "amigos" a "invocar" a un "alma innoble". Total: Se aparece el "diablo" en forma de monstruo. Don Álvaro (buenos puros, por cierto) se pone "chulito" y le "sugiere" que adopte una "forma" más "servicial". ¿Cómo sigue? Biondetta (forma que el diablo adopta para agradar a Don Álvaro) se muestra servicial, sumisa, complaciente (así se suponen que tenían que ser las muejres en siglos pasados para "pescar" un buen marido: Hay buenas costumbres que ójala no se hubiesen perdido)... Don Álvaro parece sentir compasión por ella y la toma bajo su protección, ya que Biondetta ha adquirido cualidades humanas, y parece sentir verdadera "pasión" por el caballero español.

Durante la novela, nos encontraremos...
Leer más:
http://www.martincid.com/CriticaLiterariaCazotteDiabloEnamorado.php

lunes, julio 12, 2010

Finnegans Wake de James Joyce, por Martín Cid


Desde 1929 hasta 1939, James Joyce estuvo escribiendo este inclasificable libro, tal vez una novela. Ha habido críticos que no lo han considerado como tal, otros lo han catalogado dentro del ensayo, y otros incluso lo han definido como el producto de una mente enferma. No es de extrañar porque Joyce rompe con todas las reglas novelísticas que le habían antecedido y crea una narrativa diferente, resultado de los logros de todas las vanguardias de su tiempo y que va más allá.
Son más de 600 páginas repletas de frases extrañas que combinan más de 62 lenguas. Es la Torre de Babel, imposible de traducirse, imposible de ser comprendida si no somos capaces de adentrarnos en su universo metafórico y musical (¿simbolismo?) para vivir, como la familia de H. C. Earwicker’s , una pesadilla de crimen y sexo (¿surrealismo?) donde nadie puede comunicar la verdad de lo sucedido (¿existencialismo?) porque las palabras, las creencias históricas y las verdades filosóficas son insuficientes para superar la Torre de Babel que la humanidad creó el día que los mitos y las leyendas empezaron a ser olvidados en favor del pensamiento racional.
No es extraño que este libro se imprimiera en 1939, el año en que comenzó las Segunda Guerra Mundial y en que concluyó el tiempo de las vanguardias, ni que T.S. Elliot lo apoyara o que Scott Fitzgerald o Hemingway lo aplaudieran. Tampoco que fuera escrito en París y que la primera edición viera la luz de manos de Faber and Faber en Londres y The Viking Press en Nueva York. “Finnegans Wake” aglutina las preocupaciones y búsquedas de un tiempo que estaba a punto de desaparecer: Nietzsche, Freud, Jung, Heidegger, Frazer… Si “Ulises” fue la culminación de la novela moderna iniciada por Flauvert, “Finnegans” es la culminación de “Ulises”.
“Ulises” usa la estructura metafórica de Homero, “Finnegans Wake” los cuatro tiempos de Gianbaptista Vico. ¿Por qué cuatro? Tal vez James Joyce quiere basarse en los cuatro mundos cabalísticos o tal vez pretende un sarcástico chiste: “He escrito un libro que entretendrá a los críticos durante un siglo”. Mentiras y medias mentiras dentro de bromas de una realidad brutal hacen de la obra un mundo inaccesible... o puede que no tanto.
James Joyce establece una crítica profunda y solida del modelo patriarcal, de las ideologías políticas y del método tradicional de narrar una historia y construye un libro inacabado que el lector debe completar: nadie sabe qué puede éste encontrar entre sus 62 lenguas diferentes o al interpretar los mitos celtas, cristianos y hebreos que conforman la narración. Tampoco en el particular sentido del humor del Sr. Joyce.
Al final, una mujer, A. L. P. (Anna Livia Plurabelle), tiene la respuesta: ella vino del océano, de las olas que su hija Issy (la nube) formó con lluvia y representa la libre protohistoria que todavía susurra en el río Liffey, en Dublín, donde los Earwicher regentan un pub, donde se ha cometido un crimen que todos los miembros de la familia tratan de ocultar pero que se revela cada noche en los sueños.
Es una peculiar pesadilla que conduce al lector a otra más extraña: la pérdida del lenguaje a través de la pérdida de su estructura y la personalidad perdida y hallada en todas las personalidades (“HereComesEverybody-HCE-E.C. Earwicker”) porque la pesadilla de un hombre es la pesadilla de todos. ¿Dónde olvidamos el alma? Quizás la perdimos entre el galimatías de palabras y razones, y la única forma de recuperarla es buceando en el lenguaje.
Sentimos el miedo que nos ata a los cabellos de Anna Livia y el placer del pecado de H.C.E., porque una noche él soñó que era una persona.

**Martín Cid es autor de las novelas Ariza (editorial Alcalá, 2008), Un Siglo de Cenizas (editorial Akrón, 2009), Los 7 Pecados de Eminescu y del ensayo Propaganda, Mentiras y Montaje de Atracción (editorial Akrón, 2010).

Más en: http://www.martincid.com

domingo, julio 11, 2010

¿Sobre Literatura?, por Martín Cid



¿Sobre literatura?
por Martín Cid
http://www.martincid.com/




I (redoble de tambor, música fúnebre)
El irónico mercado
Miro la lista de los libros más vendidos. Esta semana María dueñas Vinuesa encabeza las listas con una novela que, dicen, es de amor, exotismo… espionaje. Una mujer enfrentada con las circunstancias por lo que parece entreverse. Hasta el número tres no nos encontramos con Reverte y su Asedio, también con Matilde Asensi en el número siete que es más o menos como encontrarse con Messi en los diez mejores goles del año (algo normal a todas luces). Miro estos títulos que parecen sacados todos de la más reciente de las fotocopiadoras modernas.
¿Necesitamos explicaciones? Me explico: como El Código DaVinci (©) ya está escrito (¿?¿?¿!!!!!) podremos llamar a nuestro libro tranquilamente El Código Miguel Ángel que nadie nos acusará de plagio y, de paso, podemos intentar vender a la editorial que aprovecharemos el boom del best-seller de Dan Brown. Puede que no funcione (¡!) o puede que sí: parece que los editores no tienen demasiado miedo a repetir esquemas exitosos.
Así, en esta lista de los más vendidos siempre hay una especie de marca B (como las pipas BigBen de Dunhill o la Shelley Bobyns de los Simpsons (©)). Cuando Umberto Eco publicó El Nombre de la Rosa, verdadera iniciadora del tema de la moderna narrativa pseudo-histórica, no imaginaba (seguramente) que iba a tener tantos y tantos seguidores de distinto tipo. Y es que si El Código DaVinci toma algunos puntos de El Nombre de La Rosa, siendo definitivamente inferior a la obra de Eco, ahora vienen otros copiando la copia y otros que copiarán la copia al más puro estilo (valga la redundancia) del copista monacal salido de alguna novela de Eco.
Pero este tipo de novela pseudo-histórica sólo es un tipo de obra que podemos copiar. Ahora mismo hay más con las que poder paliar nuestra falta de imaginación. Aún vagan en nuestros recuerdos las pesadillas de Millenium, y sobre todo los sueños infames de los libreros que no han adquirido los libros. Tres entregas con una heroína que se enfrenta al mundo de los depravados, violadores y periodistas (los que hayan leído la novela sabrán cuál es peor clase de ser humano de los tres, yo no la he leído).
En los próximos años seguramente veremos el auge de una especie de mujer no-rubia con mala leche que no le llegará a la suela de los zapatos a Lisbeth Salander, sí, pero que llenará las arcas de los (¿a veces?) avaros editores. Todavía no ha llegado a nuestro país la moda en todo su apogeo, aunque ya da sus primeros coletazos en una mujer que se apellida (casualmente) igual que Larsson pero que no es Larsson escritor que murió sin ver su éxito ni el Larsson que jugó en el Celtic de Glasgow durante tantos años.
Otra línea (ésta más antigua que el hombre) que proviene del fumador de pipa J.R.R. Tolkien. A este tipo de literatura (que no fue en sus comienzos ni tan juvenil ni estúpida) pertenecen incunables del tipo Harry Potter o alguna niña maga (que podemos distinguir con dificultad del primero porque uno es niño y la otra es niña). No habrá buena lista de los más vendidos sin una obra épica de este tipo.
En otro orden de cosas nos encontramos con lo que las editoriales llaman “literatura seria”. Si han pensado por un momento que vamos a hablar de James Joyce y sus sucedáneos están muy equivocados. ¿Cortazar? ¡Dios mío! ¿Acaso creen que sólo se pueden publicar libros para superdotados? No, hoy bebemos en la inmensidad de lo mediocre y es por eso que lo que antes era vanguardia hoy se ha convertido en retaguardia y los títulos serios hoy se han convertido en una especie de mezcla entre una novela de espionaje mala con las vicisitudes de una ama de casa que descubre su sexualidad o algún otro elemento suficientemente soez como para que la crítica (loado sea su santo nombre) se rasgue las vestiduras ante tal provocador gesto. ¿Simple marketing? Sí.


II
Cómo no reírse de lo anterior y no morir en el intento: el héroe
Y ahora ante la lista de los más vendidos en esos grandes almacenes la pregunta surge como si nada: ¿qué tienen todos en común? Es difícil responder pero no imposible, y es que el ya citado marketing ha terminado con casi cualquier iniciativa en casi cualquier contexto. Los personajes suelen ser adolescentes de todas las edades: tienen un toque de inadaptados porque el que lee libros no es ya de por sí muy normal (y hay que congraciarse con el lector que, al fin y al cabo, es el que paga)… hay muchos best-sellers con protagonista femenina (adolescente, normalmente de unos cuarenta años, con carencias afectivas y carácter más bien llorón que nos recuerda a Laforet), los hay de adolescentes que se enamoran de vampiros y hackers que luchan contra el entramado de mentiras en la hipócrita sociedad sueca.
El héroe sigue presente en estos libros tan vendidos, un héroe ya cansado que roza la locura como lo hiciera el Quijote, pero un héroe que no sabe ya muy bien el porqué de su lucha (algo así como J. Stewart en El Hombre que Sabía Demasiado (poco)). También el Quijote tuvo que inventar su propia aventura, plagada de molinos de viento que no existen… ¿una reflexión sobre la creación literaria? Pero los héroes de esta nueva generación de literatos son un poco menos inteligentes y mucho más adaptados a un mundo del que no se pueden escapar. ¿Cómo poder desligarse de un mundo con unas estructuras tan férreas? Un imposible. Los héroes de hoy coquetean con ese pasado en sus códigos ocultos y, de esta manera, descubren una nueva realidad más literaria y más real.
Y es que queda algo en nosotros de Harry Potter: deseamos al abrir una novela creer en una escuela de magos y, poco a poco, nos olvidamos de la estructura para recordar nuestros más infantiles tiempos, esos en los que soñábamos que con un movimiento de nuestra pluma podría caer Troya.
Hoy bien saben los novelistas que no quedan Troyas por arrasar y ya las novelas reconocen su innata capacidad para ir más allá del papel.
Porque hoy, por lo que parece, todo está en una lista de los libros más vendidos.
Aún nos queda un consuelo: también en época de Cervantes se escribían obras mediocres, dicen algunos.
Me siento triste hoy y respondo: no tan mediocres, no tantas.
Porque en la antigüedad el hombre aún podía soñar.

**Martín Cid es autor de las novelas “Ariza” (ed. Alcalá, 2008), “Un Siglo de Cenizas” (ed. Akrón, 2009), Los 7 Pecados de Eminescu (e-book) y del ensayo “Propaganda, Mentiras y Montaje de Atracción” (ed. Akrón, 2010).


Publicado en:



http://www.aragonliberal.es/noticias/noticia.asp?notid=39842&menu=5

viernes, junio 11, 2010

Analisis del estado de la Literatura, por Isabel del Río


Parménides o Heráclito
por Isabel del Río
http://www.isabeldelrio.es

¿Quién y cómo somos? Sería la pregunta que fundamenta toda la Filosofía, al menos la occidental –siempre tan individualista-, porque si contestamos a esta pregunta podemos responder también a sus otras dos cuestiones hermanas: ¿de dónde venimos?, y ¿hacia dónde caminamos? –que los demás vayan o no con nosotros es un tema que nos aflige sólo de soslayo-.
Quizás los dos primeros filósofos que han marcado el rumbo a seguir a la hora de investigar la contestación a tan fundamental pregunta han sido los presocráticos Parménides y Heráclito, o Heráclito y Parménides (que tanto monta, monta tanto…). Ambos comparten época (siglo VI a. C.), cultura (la helena, claro) y textos perdidos y recopilados (o deformados) en la noche de los tiempos. “Sobre la Naturaleza” es el título del filosófico poema de Parménides, “Sobre la Naturaleza” es también el título del libro de aforismos de Heráclito. Oscuras son las metáforas que adornan el poema del primero, “el Oscuro” fue el mote que recibió el maestro del aforismo y la antítesis (oxímoron, para hablar con propiedad)… demasiadas coincidencias. Sí, demasiadas, porque en definitiva indagaban el mismo campo de la Metafísica aunque, sin embargo, han pasado a nuestra cultura popular como padres de respuestas opuestas que nunca llegan a encontrarse.
Al gran Parménides se le asocian los adjetivos de “inmóvil”, “único”, “perfecto”, “indestructible” e “íntegro” para calificar al Ser (en nuestra mentalidad, la existencia individual de cada uno, que es lo que nos importa). A Heráclito adjetivos antitéticos y, de hecho, resumimos su pensamiento con la famosa frase de “todo cambia y nada permanece” o con esta otra (más estilo ejecutivo agresivo) de “conviene saber que la guerra es común a todas las cosas y que la justicia es discordia”.
Trabajos ha habido y hay que complementan las especulaciones de uno y otro pero los siglos XIX y XX (y lo que va de XXI), y más allá de los manuales de Filosofía de los institutos y facultades, han ignorado a Parménides y sus principios básicos no sólo han sido rechazados sino elevados a la categoría de incomprensibles por nuestro batallador pensamiento que afirma que siempre estamos mejorando, que con nuestro esfuerzo y saber podemos cambiar el rumbo de los destinos y que todo es posible en éste, el mejor de los mundos (el heredero de la Revolución Industrial).
Lo estático e inamovible han pasado así a ser atributos del mundo oriental y sus ajenas religiones y los incorporamos (cambiando los conceptos a nuestro antojo) dentro de la faceta exótica que da color a nuestras vidas, como parte de nuestros hobbies o religión “new age” que casi nadie se toma en serio, por lo menos a la hora de pedir el aumento de sueldo.
Como española y heredera, yo también, del pensamiento ilustrado, me resulta imposible aplicar el estatismo y la no dialéctica a la hora de interpretar mi vida, pero (y esto es lo que me resulta chocante), no entiendo cómo toda nuestra cultura y literatura ha llegado a rechazar de manera tan evidente lo que no sea cambio (es decir, progreso) y casi no haya acercamientos a esa otra existencia “perfecta” en sí misma a un nivel especulativo o literario (al meno poético).
Recientemente, he leído un libro occidental, una novela, que sí lo hace: se titula “Un Siglo de Cenizas” de Martín Cid (editorial akrón) y con estructura cabalística (el árbol de la vida es el camino que guía capítulos y personajes) indaga en un mundo ya terminado y completo en sí mismo, donde sus personajes nada pueden cambiar y viven en la metafórica (¿es un oxímoron?) contemplación del humo de sus pipas mientras las Guerras Mundiales (e industriales) intentan transformar economía y sociedad para volver al punto de partida: las cenizas. ¿Es “Un Siglo de Cenizas” de Martín Cid una novela oriental? Tal vez no podamos cambiar el devenir tanto como creemos, tal vez vivamos en una esfera cerrada en la que aprendemos sólo meditando, tal vez la palabra “progreso” sea sólo una falacia…, o tal vez no. Pero si Parménides forma parte de las raíces de Occidente ¿por qué sólo fijarnos en Heráclito? No es bueno demediar el pensamiento ni intentar convencer al que está en crisis de que mañana todo cambiará; no, no es bueno porque las verdades a medias son siempre una mentira (dijo el poeta) y porque no se progresa en base a la estupidez ni a la repetición de eslóganes.
Entre tanto libro publicado igual al anterior, donde los protagonistas hayan un pergamino (preferiblemente templario) que les conduce a la superación personal (en el mejor de los casos, por constatar una verdad que ya conocían; en el peor, porque se forran con el hallazgo de algún tesoro estrambótico), una novela que se interroga sobre otras maneras de pensar y vivir, es fuente de sabiduría: es una creación artística, más necesaria que nunca en un tiempo de crisis “inmóvil”, “único”, y “perfecto”.

**Isabel del Río es profesora y escritora. Autora de “Ariza” (ed. Alcalá, 2008) y de “Las Chicas del Óleo, pintoras y escultoras anteriores a 1789” (ed. Akrón, 2010). Dirige la revista cultural bilingüe Yareah magazine.

Ver más:
http://www.martincid.com/unsiglodecenizas

sábado, mayo 16, 2009

JOYCE, caminando entre gigantes


“Joyce será, sólo y siempre, la esencia de la literatura”
Entre cantos de sirena y mitos y caos y lenguaje y crítica feroz y amable y tenue y viscosa y un lobo que se tiñe sanguinario entre un océano de espuma y palabras. Ulises revolotea entre retruécanos y burlas feroces no sólo al sistema aristotélico-tomista (ya ha comenzado en un primer estadio del particular laberinto del Dedalus joyceiano), sino al canon literario imperante en esa yaciente Europa. Guillermo de Baskerville es a Leopold Bloom lo que Dedalus a Azso de Melk.

El lenguaje y la sátira, como en el propio Quijote, son las armas del autor. Joyce es vulgar y esteta, irlandés sin patria y suizo sin bandera, europeo traicionado por la política con la que siempre se negó a tratar. Guarda en su gabán una vieja patata símbolo de lo que está por llegar, de lo que ha imaginado el ebrio Earwicker. “Here comes everybody”, ya lo antecedía el que un día soñó ser poeta. El Liffey nada en sueños y meses crueles, lo dijo un tal Elliot. El sueño que Penélope no se atreve a vivir fluye y se desvanece sereno en aquella noche del 26 de junio en la que un irlandés conoció a su Anna Livia.
¿Un libro para tener entretenidos cien años a los críticos? Otra “bella mentira” más, una queda aún por decir. Fluyen versos y manan dioses convertidos en mendigos y prostitutas a través del sueño de un libro que son mil y mil que son uno y tres.
Joyce es la ballena blanca que soñamos atrapar y se escapa entre los dedos del canon perdido. Allá vuelve y se aleja y se refleja.
-Sólo una mentira –dijo el sátiro.
Joyce es y será, antes y nunca, la esencia de eso que algunos llaman literatura y que constantemente se esconde tras una narración en su infierno opaco. En un siglo que bebe de las fuentes del caos ahí surge la figura macilenta del que quiso reinar y convirtió una sátira en Historia y sus palabras en las del sabio payaso que da forma a la historia para ser deformada.
Ya sea Bloom o Dedalus o Earwicker, el héroe es ahora un Quasimodo anciano de siglos y cultura y libros y versos y, cansado, recuerda loco que un día estuvo sereno y sobrio y cuerdo, antes de llegar al infierno, mucho antes de pronunciar la palabra que da forma al texto: literatura, sólo literatura… latina y griega y trágica e irónica y sucia y sublime y torcida y sentida y escapada… porque los mejores sueños son los que olvidamos, porque esa melodía que un día escuchamos volverá como la magdalena del francés y los cabellos que se arrastran en un mar de dudas y lamentos y niebla y miedo y palabras y furia.
Ulises es un océano de cultura que se refleja y se gira y da la vuelta; Finnegans’ wake un universo que se mira y vuelve a soñarse en la mente del pervertido. Bloom es Ahab cansado, su viaje ha concluido y Penélope no es más que una prostituta fiel a sus deseos. Dedalus aún lucha contra las palabras y aún resiste con su pierna de madera en la que lleva escritos versos: “A mitad del camino de la vida, en una selva oscura me encontraba porque mi ruta había extraviado”. La senda le llevará a través de un viaje que durará mil siglos, hacia atrás y envuelto en seda hasta encontrarse con su propia piel. Quiere rasgarla y más allá se encuentra con Virgilio transmutado en anciano judío. El viaje está a punto de terminar con mi duermevela eterna, ésa en la que siempre digo sí y en la que ella ha olvidado mi nombre porque son todos sus sueños y son todas mis esperanzas y pieles y palabras… y ella son todas las que han existido y sus cabellos guardan los secretos de las mil almas que nacieron ya encerradas en las palabras del tiempo y la miel y el caos que vuelve desde ese hombre que ya no soy porque anoche me soñé en Ulises.
He despertado muerto, enterrado en un libro que son mil y mil que son uno y tres.

domingo, febrero 08, 2009

Bellas Mentiras


"Las Mil y Una Noches” surge como la mentira de una mentirosa encerrada en un texto de mil rostros. Fue el sultán Shahriar quien, tras descubrir el adulterio de su mujer, decide asesinarla y pedir una mujer por noche al visir (claro está, para posteriormente asesinarlas a la mañana). Las noches de diversión y las mañanas de júbilo terminan cuando aparece Sherezade quien, gracias a la narración de un cuento, logra entretener al buen hombre y así salvar la vida..

He aquí donde comienzan nuestras “Las Mil y Una Noches” y he aquí donde comienza nuestro número cuatro. Los relatos irán desde la tragedia hasta el drama pasando por algunos relatos humorísticos; nuestra narración comienza de la mano de Isabel Allende y nos despierta entre los sueños de Alix O`toole y Sergio Rodríguez. Quizá nos despertemos entre las esculturas de Janinne Wolfsohn o en un barco de la mano de esos navegantes del Palomar o entre un arpa mágica. Ya se escuchan los acordes, ya el sultán espera atento una nueva historia.
Tres años (y varios hijos) llevaron a nuestra contadora de historias a mundos perdidos y encuentros inesperados a través de esa tan comentada estructura encajada, a través de falsedades de traducción y verdaderas búsquedas bibliófagas. Borges miente de nuevo e incluye un nuevo texto, esta vez de ese su heterónimo llamado Borges en ese relato tan erótico como malsano, tan diferente como extraño como buscado como encontrado y reencontrado y muerto cada mañana otra vez para volver a renacer en la imaginación de los mentirosos, en la verdad de las palabras.
Como sucede con otros también famosos libros, “Las Mil y Una Noches” nos ha llegado gracias a esfuerzos varios, unas veces tejidos con medias mentiras, otras con medias verdades (como los famosos cuentos de Aladino, Ali Babá o el mismo SImbad, que según algunos estudiosos parece que no formaron nunca parte de la recopilación original, sino que fueron añadidos de Antoine Galland). Y es que tal vez la fascinación que aún hoy nos envuelve en torno a este texto persa tiene que ver con ese mismo misterio que una noche trataron de resolver otros famosos heterónimos llamados Guillermo de Baskerville y Adzo de Melk: ¿dónde está la verdad? Ya lo dijo el famoso florentino. Y es que el arte, siempre, no es más que una bella mentira y una traducción sobre una traducción de un original perdido. Tal vez algún día, en una biblioteca que soñó un poeta, un novelista encuentre una historia dentro de una historia y quizá ésta nos lleve, tejida entre mentiras y falsedades idiomáticas, a esa gran verdad que sólo la luz de un antiguo candil puede enseñarnos: que la vida es ilusión y que sólo la imaginación puede llevarnos a vivir un día más, a amanecer y mirar el futuro despacio tras los ojos de una contadora de historias que lucha por conservar su vida con la única arma que les es dada empuñar a los gigantes, La Palabra.
Otra vez, un viaje dentro de un viaje…, otra vez nuestra imagen reflejada en el muro opaco y candente de las palabras que se deslizan, atentas y enfermas, al suave transcurrir del relato eterno, fiel y mentiroso, tan sincero como el amor de Sherezade tras el irónico cuchillo del lector dispuesto siempre de esa nuestra Luna llamada Yareah.