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sábado, julio 10, 2010

Eduardo de la Fuente, periodista del Faro Balear, radio Marratxí (92,9 FM) entrevista a Martín Cid


Martín Cid, ovetense de nacimiento y madrileño de adopción, es escritor por encima de todas las cosas. Es autor de las novelas “Ariza”, “Un Siglo de Cenizas”, y “Los Siete Pecados de Eminescu”, además del ensayo “Propaganda, Mentiras y Montaje de Atracción” que se editará el próximo mes de septiembre. También codirige y edita junto a Isabel del Río la revista cultural Yareah. Y acaba de lanzar en internet el proyecto Las Libertades. Por si todo esto les parece poco, aún tiene tiempo de colaborar con numerosas publicaciones, entre las que nos enorgullece poder contar la edición digital de EL FARO BALEAR.

De la actividad frenética que Martín Cid lleva a cabo con aparente calma y serenidad habló el autor con Eduardo de la Fuente en EL FARO BALEAR radio.

Para escuchar el podcast de la entrevista:
http://elfarobalear.podcast.es/episodio.php?usuario=elfarobalear&id=20595

Otros links:

viernes, junio 11, 2010

Analisis del estado de la Literatura, por Isabel del Río


Parménides o Heráclito
por Isabel del Río
http://www.isabeldelrio.es

¿Quién y cómo somos? Sería la pregunta que fundamenta toda la Filosofía, al menos la occidental –siempre tan individualista-, porque si contestamos a esta pregunta podemos responder también a sus otras dos cuestiones hermanas: ¿de dónde venimos?, y ¿hacia dónde caminamos? –que los demás vayan o no con nosotros es un tema que nos aflige sólo de soslayo-.
Quizás los dos primeros filósofos que han marcado el rumbo a seguir a la hora de investigar la contestación a tan fundamental pregunta han sido los presocráticos Parménides y Heráclito, o Heráclito y Parménides (que tanto monta, monta tanto…). Ambos comparten época (siglo VI a. C.), cultura (la helena, claro) y textos perdidos y recopilados (o deformados) en la noche de los tiempos. “Sobre la Naturaleza” es el título del filosófico poema de Parménides, “Sobre la Naturaleza” es también el título del libro de aforismos de Heráclito. Oscuras son las metáforas que adornan el poema del primero, “el Oscuro” fue el mote que recibió el maestro del aforismo y la antítesis (oxímoron, para hablar con propiedad)… demasiadas coincidencias. Sí, demasiadas, porque en definitiva indagaban el mismo campo de la Metafísica aunque, sin embargo, han pasado a nuestra cultura popular como padres de respuestas opuestas que nunca llegan a encontrarse.
Al gran Parménides se le asocian los adjetivos de “inmóvil”, “único”, “perfecto”, “indestructible” e “íntegro” para calificar al Ser (en nuestra mentalidad, la existencia individual de cada uno, que es lo que nos importa). A Heráclito adjetivos antitéticos y, de hecho, resumimos su pensamiento con la famosa frase de “todo cambia y nada permanece” o con esta otra (más estilo ejecutivo agresivo) de “conviene saber que la guerra es común a todas las cosas y que la justicia es discordia”.
Trabajos ha habido y hay que complementan las especulaciones de uno y otro pero los siglos XIX y XX (y lo que va de XXI), y más allá de los manuales de Filosofía de los institutos y facultades, han ignorado a Parménides y sus principios básicos no sólo han sido rechazados sino elevados a la categoría de incomprensibles por nuestro batallador pensamiento que afirma que siempre estamos mejorando, que con nuestro esfuerzo y saber podemos cambiar el rumbo de los destinos y que todo es posible en éste, el mejor de los mundos (el heredero de la Revolución Industrial).
Lo estático e inamovible han pasado así a ser atributos del mundo oriental y sus ajenas religiones y los incorporamos (cambiando los conceptos a nuestro antojo) dentro de la faceta exótica que da color a nuestras vidas, como parte de nuestros hobbies o religión “new age” que casi nadie se toma en serio, por lo menos a la hora de pedir el aumento de sueldo.
Como española y heredera, yo también, del pensamiento ilustrado, me resulta imposible aplicar el estatismo y la no dialéctica a la hora de interpretar mi vida, pero (y esto es lo que me resulta chocante), no entiendo cómo toda nuestra cultura y literatura ha llegado a rechazar de manera tan evidente lo que no sea cambio (es decir, progreso) y casi no haya acercamientos a esa otra existencia “perfecta” en sí misma a un nivel especulativo o literario (al meno poético).
Recientemente, he leído un libro occidental, una novela, que sí lo hace: se titula “Un Siglo de Cenizas” de Martín Cid (editorial akrón) y con estructura cabalística (el árbol de la vida es el camino que guía capítulos y personajes) indaga en un mundo ya terminado y completo en sí mismo, donde sus personajes nada pueden cambiar y viven en la metafórica (¿es un oxímoron?) contemplación del humo de sus pipas mientras las Guerras Mundiales (e industriales) intentan transformar economía y sociedad para volver al punto de partida: las cenizas. ¿Es “Un Siglo de Cenizas” de Martín Cid una novela oriental? Tal vez no podamos cambiar el devenir tanto como creemos, tal vez vivamos en una esfera cerrada en la que aprendemos sólo meditando, tal vez la palabra “progreso” sea sólo una falacia…, o tal vez no. Pero si Parménides forma parte de las raíces de Occidente ¿por qué sólo fijarnos en Heráclito? No es bueno demediar el pensamiento ni intentar convencer al que está en crisis de que mañana todo cambiará; no, no es bueno porque las verdades a medias son siempre una mentira (dijo el poeta) y porque no se progresa en base a la estupidez ni a la repetición de eslóganes.
Entre tanto libro publicado igual al anterior, donde los protagonistas hayan un pergamino (preferiblemente templario) que les conduce a la superación personal (en el mejor de los casos, por constatar una verdad que ya conocían; en el peor, porque se forran con el hallazgo de algún tesoro estrambótico), una novela que se interroga sobre otras maneras de pensar y vivir, es fuente de sabiduría: es una creación artística, más necesaria que nunca en un tiempo de crisis “inmóvil”, “único”, y “perfecto”.

**Isabel del Río es profesora y escritora. Autora de “Ariza” (ed. Alcalá, 2008) y de “Las Chicas del Óleo, pintoras y escultoras anteriores a 1789” (ed. Akrón, 2010). Dirige la revista cultural bilingüe Yareah magazine.

Ver más:
http://www.martincid.com/unsiglodecenizas

domingo, septiembre 20, 2009

Presentación del libro "Huida del Espacio Virtual", de

POESÍAS DE GEORGE ROCA

Intervienen:

HORIA BARNA, DIR. ICR MADRID

MARTÍN CID, DIR. REVISTA YAREAH

Sábado, el 26 de septiembre, a las 20.00 h

sábado, mayo 16, 2009

JOYCE, caminando entre gigantes


“Joyce será, sólo y siempre, la esencia de la literatura”
Entre cantos de sirena y mitos y caos y lenguaje y crítica feroz y amable y tenue y viscosa y un lobo que se tiñe sanguinario entre un océano de espuma y palabras. Ulises revolotea entre retruécanos y burlas feroces no sólo al sistema aristotélico-tomista (ya ha comenzado en un primer estadio del particular laberinto del Dedalus joyceiano), sino al canon literario imperante en esa yaciente Europa. Guillermo de Baskerville es a Leopold Bloom lo que Dedalus a Azso de Melk.

El lenguaje y la sátira, como en el propio Quijote, son las armas del autor. Joyce es vulgar y esteta, irlandés sin patria y suizo sin bandera, europeo traicionado por la política con la que siempre se negó a tratar. Guarda en su gabán una vieja patata símbolo de lo que está por llegar, de lo que ha imaginado el ebrio Earwicker. “Here comes everybody”, ya lo antecedía el que un día soñó ser poeta. El Liffey nada en sueños y meses crueles, lo dijo un tal Elliot. El sueño que Penélope no se atreve a vivir fluye y se desvanece sereno en aquella noche del 26 de junio en la que un irlandés conoció a su Anna Livia.
¿Un libro para tener entretenidos cien años a los críticos? Otra “bella mentira” más, una queda aún por decir. Fluyen versos y manan dioses convertidos en mendigos y prostitutas a través del sueño de un libro que son mil y mil que son uno y tres.
Joyce es la ballena blanca que soñamos atrapar y se escapa entre los dedos del canon perdido. Allá vuelve y se aleja y se refleja.
-Sólo una mentira –dijo el sátiro.
Joyce es y será, antes y nunca, la esencia de eso que algunos llaman literatura y que constantemente se esconde tras una narración en su infierno opaco. En un siglo que bebe de las fuentes del caos ahí surge la figura macilenta del que quiso reinar y convirtió una sátira en Historia y sus palabras en las del sabio payaso que da forma a la historia para ser deformada.
Ya sea Bloom o Dedalus o Earwicker, el héroe es ahora un Quasimodo anciano de siglos y cultura y libros y versos y, cansado, recuerda loco que un día estuvo sereno y sobrio y cuerdo, antes de llegar al infierno, mucho antes de pronunciar la palabra que da forma al texto: literatura, sólo literatura… latina y griega y trágica e irónica y sucia y sublime y torcida y sentida y escapada… porque los mejores sueños son los que olvidamos, porque esa melodía que un día escuchamos volverá como la magdalena del francés y los cabellos que se arrastran en un mar de dudas y lamentos y niebla y miedo y palabras y furia.
Ulises es un océano de cultura que se refleja y se gira y da la vuelta; Finnegans’ wake un universo que se mira y vuelve a soñarse en la mente del pervertido. Bloom es Ahab cansado, su viaje ha concluido y Penélope no es más que una prostituta fiel a sus deseos. Dedalus aún lucha contra las palabras y aún resiste con su pierna de madera en la que lleva escritos versos: “A mitad del camino de la vida, en una selva oscura me encontraba porque mi ruta había extraviado”. La senda le llevará a través de un viaje que durará mil siglos, hacia atrás y envuelto en seda hasta encontrarse con su propia piel. Quiere rasgarla y más allá se encuentra con Virgilio transmutado en anciano judío. El viaje está a punto de terminar con mi duermevela eterna, ésa en la que siempre digo sí y en la que ella ha olvidado mi nombre porque son todos sus sueños y son todas mis esperanzas y pieles y palabras… y ella son todas las que han existido y sus cabellos guardan los secretos de las mil almas que nacieron ya encerradas en las palabras del tiempo y la miel y el caos que vuelve desde ese hombre que ya no soy porque anoche me soñé en Ulises.
He despertado muerto, enterrado en un libro que son mil y mil que son uno y tres.