viernes, diciembre 19, 2008
Martin Cid: XXI Premio de Narraciones Cortas Ciudad de Jerez por el relato “Padre, rabino y maestro”.
De la totalidad de relatos que presentaron su candidatura, sólo cuatro obras fueron seleccionados para acceder a la gran final, elegidas en función de la calidad literaria que contenían las candidatas a juicio de los cinco miembros del jurado. Por ello además de Padre, rabino y maestro y Paisaje sin camino, consiguieron pasar el corte los cuentos Amor verdadero y El cuento perfecto.
Los componentes del jurado fueron los escritores Francisco Bejarano y José Mateos, Ricardo Rodríguez Gómez -Fundación Caballero Bonald-, Ramón Clavijo Provencio -Director de la Biblioteca Municipal- y Amparo Gómez Martín -Bibliotecaria. Delegación de Cultura y Fiestas-.
Fuente: http://www.lavozdigital.es/cadiz/20081217/sociedad/padre-rabino-maestro-gano-20081217.html
domingo, diciembre 07, 2008
La Revista Yareah
Nuevos proyectos, nuevas ilusiones.
Como “la cosa” (no puedo definir de otra manera mi especie de carrera literaria) parece que marcha un poco mejor –hasta parece que marcha bien-, hace un par de meses he sido nombrado director (o “editor” en inglés) de la Revista Cultural Yareah.
Se trata de un proyecto de calidad no sólo literaria, sino también editorial (ambos términos, bien lo sabrán los lectores, no suelen ir unidos en la misma frase). Los contenidos mezclan literatura, arte y mitos y ya vamos por el número dos de esta revista bilíngue.
Como, por error o no, se me ha hecho responsable de esta especie de “aborto literario de gran calidad”, he dedicado el número dos al gran Joyce. Pueden ver una edición impresa aquí. Por lo que a mí respecta, escribo un artículo en cada número (el de Joyce, reconozcámoslo, no me ha costado mucho esfuerzo).
Los números irán ordenados siguiendo una línea temática (el número tres se basará en “El Cantar de los Nibelungos”) en torno al cual se irán disponiendo las diferentes líneas literarias y artísticas.
Yareah pretende no constituirse exclusivamente en una publicación de divulgación al uso, sino que intentará mostrarse heterodoxa y distinta (me han llegado a decir que es “post-moderna”).
Todos los que integramos el proyecto Yareah intentaremos que sea una revista gratuita, distinta y tan moderna como clásica (en realidad es este punto el más importante de lo que podrían venir en llamarse “líneas maestras” del proyecto).
Seguiremos informando y esperamos que la revista sea de vuestro agrado.
Hasta pronto.
viernes, junio 06, 2008
Un día de firmas en la Feria del Libro de Madrid
Sin preliminares, cariño.
Llegamos sobre las seis de la tarde a firmar el libro “Ariza”, escrito en colaboración con Isabel del Río. Como somos gente abstemia (sobre todo yo, todo hay que decirlo), entramos en un bar my agradable que estaba frente al Retiro. Un Jack (Daniel´s, sobra el apellido para quien conozca a tan amable, grácil, estupendo y genial caballero)…, comienza a llover.
Para comprender las vicisitudes a las que se enfrenta un escritor hemos de retrotraernos (qué bien que suenan algunas palabras) en el tiempo. Valladolid, hace poco menos que un mes. Seis menos cinco (previamente: cielo despejado). Cae una tromba de agua…, ¡y yo sin remos! Fiasco total: ni un alma… ni televisión ni alfombra roja ni flashes de fotógrafos. Tanta preparación para nada (fue entretenido no se crean, firmamos un ejemplar a un vallisoletano muy amable que me trajo un Jack y todo, Dios le tenga en su santa gloria por siempre). FIN DE LA ACOTACIÓN
Seguimos… estábamos en Madrid y aún no me había tomado más que un pelotazo. Durante cincuenta minutos cayó la lluvia incesante que incesante cae la lluvia que llueve llueve. Esta vez, por suerte, paró unos minutos antes de las siete, así que fuimos más o menos tranquilos (para los amantes de las estadísticas: un Jack más).
La Feria del Libro de Madrid se pasó bastante rápido. No paré de firmar y esas cosas que hacen los escritores profesionales (dícese, fumar en pipa y –con esforzado disimulo- tomar leves tragos de una lata de cerveza que tenía escondida para evitar los temblores del delirium tremens). Nos acompañaron muchas personas encantadoras que hacía siglos que no veía (ahora sin ironías: es agradable reencontrarse con aquellos que formaron parte de tu vida, espero algún volver a hacerlo con cierto profesor de la Universidad –en esta ocasión, con mis peores intenciones-). Desde luego, hubo notables ausencias, pero como soy un “hombre de bien”, las perdono (en estas ocasiones me gustaría creer en Dios, y que así no haga lo mismo y les condene a arder en el infierno).
Lo mejor de las ferias del libro es precisamente esto: te encuentras con antiguos conocidos que, si tienen la suficiente educación (no todos la tienen), compran un ejemplar del libro. Lo cierto es que esto me da un poco lo mismo: ¿a quién le importa si vendes o no si al final no lo van a leer? Me interesan esos lectores que terminan el libro y, de un manera u otra, sienten algo. Cuando lo compran por gratitud o camaradería…. Nada, un vaso vacío. No obstante, es agradable volver a compartir un rato con ellos (y algún Jack si se precia el compadre en cuestión).
Sin orden ni concierto –ya que debería haber empezado por aquí (será la resaca)- nos acompañó Juan Carlos, un tipo muy majo pero con graves defectos: ni fumaba ni bebía (yo no podría). En serio: encantador, eficiente, divino… ¡Juan Carlos para presidente!
Lo peor de este tipo de acontecimientos: que no vaya nadie a tu firma…, que llueva. No sucedió así y me pasé dos horas sin descanso firmando y (ejem) fumando… porque Juan Carlos estuvo encantador y nos dejó fumar. ¿Se imaginan dos horas sin poder dar un par de caladas a una deliciosa pipa? Sí, lo sé, amiguitos: el infierno.
En este tipo de eventos conoces a gente, aunque nada de editores o similares (al menos en cuanto a mi experiencia se refiere, para dar con esos tipos hay que ir a presentaciones y demás)… La mayoría son gente encantadora (creo que todos los que me he encontrado en las ferias lo son, excepto una señora que me hizo hablar diez minutos del libro y luego lo despreció con la más sublime y mezquina de sus sonrisas).
Desde aquí quiero dar las gracias a Silvia, que nos trajo una cerveza.
Después de todo… la Feria del Libro es un acto para los libreros (que es cierto, venden libros, parece que no hay nada malo en ello) al que los escritores acudimos con cierta ilusión –por lo menos algún cacahuete nos regalarán, para eso tenemos un prestigio tan alto y bien merecido- y al que (lo más importante de todo) las familias acuden para que los padres se sientan un poco intelectualillos y le regalen a su retoño lo último de algún aprendiz de mago un tanto cargante (o el último éxito de algún tipo con perilla y pinta de portero de barrio pudiente). Al final: todos ganan (y nosotros tenemos nuestro cacahuete con forma adulatoria).
Salimos y comenzó lo bueno (no quedaría demasiado intelectual decir que me tomé algunos Jacks más y terminé haciendo chistes groseros, que fue lo que realmente pasó): charlas de Schopenhauer, Dickens y tantos y tantos otros… Tanto hablamos sobre cosas utópicas, intelectuales, ¿tal vez divinas? Que se me olvidó y sólo recuerdo una nube gris y un terrible dolor de cabeza al despertarme.
Qué bueno es ser escritor y firmar libros ( al meno ahora puedo beber para celebrar algo, con la conciencia tranquila).
Irónicos saludos.
martes, abril 08, 2008
Ariza
Dicho libro lleva por título Ariza y está escrito en colaboración con Isabel del Río. ¿De qué trata? Digamos que es una saga familiar. ¿Qué tiene de original? Que trata de espejos y que, cuando se llega a la mitad, hay que dar la vuelta al libro para seguir leyendo, de tal manera que la lectura se hace solamente sobre las páginas de la derecha (espero que nadie tome extrañas connotaciones).
En mis siguientes anotaciones en el blog les iré informando acerca de los pormenores de la publicación. Simplemente adelantaré que será publicado (más o menos) el día del libro -23 de abril, para los que no lo sepan (tengo que reconocer que me encontraba entre éstos hace apenas un par de meses)-.
Intentaremos presentarlo en algunos lugares que prefiero no adelantar ahora, hasta que esté terminada la impresión y puesta en circulación de la obra. Sólo adelantaré que Ariza es un paseo por Castilla y sus lugares a través del recorrido de una antigua línea de tren (la línea Ariza) y de las gentes que lucharon por llevar adelante semejante proyecto. Es también –y sobre todo- el relato de una familia y el retrato de un tiempo y de todos los tiempos (espero que la lean para así comprobar si están de acuerdo conmigo).
Desde estas páginas querría agradecer la confianza a la editorial Alcalá y en especial a Rafael Ceballos, Paco Toro, Juan Muñoz, Eva… todos miembros del equipo. Están haciendo un gran trabajo y, sinceramente, creo que he tenido una gran suerte en haber encontrado un grupo de personas dispuestas a hacer de la literatura algo grande. Gracias sinceras por su confianza y trabajo.
En breve, otro nuevo post, espero que no sea tan auto contemplativo como éste.
miércoles, febrero 27, 2008
Animales
Esta mañana me levanté con la desagradable noticia del diario 20minutos en el que se hablaba de un maltratador a unos gatitos por parte de cierto “individuo” (que forma parte, encima, de un partido político). Que forme o no parte de un partido político (o de la mafia, que da igual) no viene al caso pero, claro... siempre viene bien por parte de la oposición para hacer un poco de campaña “sucia”.
Le han expulsado inmediatamente (lo que faltaba si no lo hacen). Por si alguien tiene estómago, que lea la noticia. La cara del animal no tiene desperdicio: Noticia (encima, si se fijan en la url, califican la noticia dentro de la sección de “elecciones generales”, sin comentarios)
Por vez primera, no voy a hablar de literatura ni nada que tenga que ver con la cultura. Quiero hacer, no sé si por vez primera en mi vida, una especie de labor social y dar mi total apoyo a ciertas organizaciones que dan cobijo a animales que han sido abandonados.
Para empezar, no tengo la dicha de conocer a este individuo, hablo desde la indignación que me produce esta noticia (y tantas otras que estoy leyendo en el diario 20minutos, que parece dar cabida y alienta este tipo de noticias para concienciar a la ciudadanía de lo estúpidos que son algunos).
Quiero, desde este mi modesto foro, alentar a los redactores y directores de este diario a continuar con su buena labor en este campo. Siempre leo este tipo de noticias (en realidad, es de lo poco que me interesa, creo que dos idiotas tirándose los trastos en televisión a base de insultos y descalificaciones no merece ni un minuto de mi tiempo). Sí, me siento muchas veces asqueado y dolido por lo que leo (perritos enterrados vivos y demás animaladas), pero creo que hay que decir lo que está sucediendo y tratar de dar una vida más humana a estas personas (me refiero a los perritos y gatitos, no a este “individuo” que, creo, merece la horca).
Siento decirlo, pero el ser humano (o eso que han venido en llamar “ser humano”, porque tiene a veces bastante de “ser” y muy poco de “humano”) me merece cada día menos respeto. Sé que hablo tan sólo de unos pocos, que la gran mayoría no abandonaría jamás a su compañero y que éstos han pasado a ser una parte fundamental de la familia (entendida esta palabra en el sentido más global del término). Para estas personas -que a ellos sí puedo considerarles, cuanto menos, mis iguales- el mayor de mis respetos y admiraciones. Luego están ésos que denigran, verbal o físicamente a los animales, que los consideran inferiores a eso que tan vehementemente han venido en llamar “raza humana”. Se dicen: “no tienen razonamiento, son inferiores... no pueden pensar”. ¿Y tú sí, pedazo de ignorante?
Cuando estudiaba filosofía (no la carrera, tan sólo alguna asignatura de la carrera) hablaban de Aristóteles y sus silogismos como la fórmula en torno a la cual -en la cual se basa- el pensamiento humano. ¿No son capaces los animales de hacerlos? ¿Se basan simplemente en el conductismo y en un simple “me viene mal” o “me viene bien” para llevar a cabo sus acciones? Francamente, teniendo en cuenta el auge del conductismo -eso de los perros de Paulov- y su implementación en la psicología moderna (recordemos que parece ser la rama que ha triunfado) deberíamos no plantearnos si los animales piensan, sino si somos todos nosotros capaces de hacerlo.
Basados en esta estupidez de que si los animales tienen o no raciocinio se han cometido las mayores barbaridades de la “humanidad”. Desde aquí quiero hacer constar que no apruebo las pruebas con animales (vengan bien o no al “ser humano”) ni las corridas de toros ni nada por el estilo. Las pruebas las deberían hacer con estos tipos como el de la noticia, atiborrarles de medicamentos dañinos para la salud y mirar a ver si sobreviven. Claro que siempre se podría argüir si sobrevive esa frase de “no sabemos si el experimento funcionaría con humanos”.
Creo que las multas son ridículas, creo que los animales son seres humanos y creo en la justicia (que no en el Estado). Si ahorcan a un perro, ¿qué pena merecen? ¡La horca! Si maltratan a un gato, que se desentierren los instrumentos inquisitoriales y se le aplique un garrote vil hasta desangrarle.
Siento ser tan vehemente y poco democrático. Sé que así no llegamos a ningún sitio y ni siquiera creo que mis medidas sean justas o razonables, pero no creo que estos “seres” merezcan caminar ni a mi lado ni al lado de otros tantos como yo que respetan la vida de toda clase de seres. Hablo desde el corazón, y encarcelaría a estos tipos de por vida y, lo que es más importante, les condenaría a trabajos forzados para pagar su propia manutención. Claro, esto parece ser que no es democrático, así que nada, una multita de cien euros está mucho mejor (así, de paso, algún político puede pagarse un par de copas).
Pero no todo es tan malo (y no quiero cebarme en lo desagradable del asunto). Como ya dije al principio, hay cientos de centros de acogidas y lugares que defienden los DERECHOS de estas personas. Les dejo una dirección en la que pueden mirar algunas direcciones para que vean que no todos somos animales:
Protectoras de animales
Y para terminar con este mi extraño artículo diré que tengo dos perritos llamados Robin y Joyce. Cuando he estado triste, han venido conmigo y han alojado su hocico en mis rodillas; cuando he estado contento, también ellos se han alegrado por mí; cuando me he enfadado, lo han comprendido y me han perdonado; cuando han notado alguna amenaza, no han dudado en ponerse entre el otro y yo mismo diciendo en el lenguaje de la naturaleza: “no, antes tendrás que pasar por encima de mi cadáver, porque soy fiel, porque le cuido, porque soy noble, porque nunca le abandonaría, porque soy una persona”.
¿Quién puede decir esto? Sólo ésos merecen ser llamados “personas”. Para el resto, el mayor de mis desprecios.
martes, junio 05, 2007
Literaturas 2.0
A veces ya he referido a Internet como el invento más importante desde ése de Gutenberg. Esta mañana (ya se sabe, lunes, entre que actualizo mi gentoo y demás al final me paso toda la mañana descubriendo “cosillas nuevas”) he echado un ojo a eso de la web 2.0. Páginas como barrapunto.com o meneame.net funcionan siguiendo un sistema de votos (en algunas ocasiones llamado “karma”). A partir de ahí el usuario se integra, poco a poco, en una especie de comunidad global (Woody Allen sacaría ahora a Mashall McLuhan de entre el público, pero me parece que me he quedado sin presupuesto para ello) que le llevará a la fama, la fortuna y la gloria (qué miedo).
Ironías aparte, parece que la llamada “Web 2.0” serviría como epicentro ideológico de un mundo electrónico interconectado, en una nueva forma de conocimiento global que se diversifica a medida que los enlaces y los nuevos métodos de programación dinámica evolucionan (con frases como ésta parece hasta que entiendo de qué estoy hablando).
Cuando comenzaba internet ya se veía como una forma de gran potencial (demasiado, decían algunos). La gran masa de personas a la que una sola noticia o comentario es, simplemente, impresionante. Millones de personas pueden acceder a un texto sin paso por ninguna autoridad competente que haga de censor.
Hasta ahora (ahora es cuando suenan acordes funestos).
En España se escuchan ecos de algunas otras voces que claman como una censura sobre la red. Algunos dicen (si es que el sentido del humor nunca dejará de existir) que los escritores de la red, ahora los llaman bloggers, tendrían que auto-censurarse (yo ya he comprado mi látigo, ¿y tú?). Los ecos hablan de un filtro que distinga lo bueno de lo malo, y que el sistema electrónico de selección de contenidos (basado en parámetros puramente matemáticos cuantificados según el interés OBJETIVO) es malo y habría que revisarlo. ¿Por quién? Clara está la respuesta: por esos ecos interesados que incluso, a veces, tienen incluso rostro y una sede diseñada por algún famoso arquitecto.
Cuando surgió internet la vi como una manera directa de dar a conocer al público mis escritos. El tiempo ha pasado y ahora la veo la única manera lícita de dar a conocer los escritos. ¿Una editorial clásica? Sí, si viviésemos en el siglo XVIII. El papel, como los coches de caballos, está dejando paso al formato electrónico (si bien es cierto que se hace más cómodo leer en papel, por ello las editoriales aún mantendrán cierta cuota de mercado durante algunos años).
Pero el ascenso al poder de la red es imparable. Como los caballos quedaron como un objeto de lujo, sólo para uso lúdico, así también el papel dejará poco a poco (ya lo está haciendo) paso a un sistema de comunicación mucho más directo, participativo y casi inmediato.
Si echamos un ojo a las últimas novedades editoriales españolas nos encontramos con el nada desdeñable precio de 20 euros por libro (amén de cierta dudosa, cuanto menos, calidad literaria). Teniendo en cuenta que nos entretendrá una semana, que lo leeremos gratificantemente frente a la chimenea al lado de nuestro galgo con la pipa entre nuestros dientes... No es mucho, no, sobre todo si tenemos coñac al lado y una buena doncella para servirlo. Además, sólo es un libro.
Pues bien, y hablo ahora como autor de obras de ficción, los escritores malviven y los que se hacen con el beneficio directo producido por el libro son las editoriales (esto pasa desde los tiempos de Dickens, y ya ha llovido). El escritor se lleva un porcentaje mínimo de esos 20 euros (dependiendo del éxito que tengas). El resultado: hay que vender muchos libros para que alguien que sólo escribe pueda vivir dignamente con ello.
Estas mismas voces hablan de la falta de rigor en internet, de la necesidad de algo (llámese Gran Hermano orwelliano, llámese emperador de la galaxia) que nos libre de la tentación de toda esa bazofia.
Desde luego, la historia literaria nos habla bien a las claras de esto: La ingente cantidad de basura que se ha producido en estos últimos tiempos sólo es comparable con el día después a la Fiesta de la Cerveza en Alemania. ¿Alguien no lo ha notado? ¿Alguien no ha pagado esos 20 euros por un libro (por otra parte con una excelente portada casi siempre) y le han dado ganas de tirárselo al autor (y sobre todo al editor) a la cara? Bien, para aquellos que aún lean frente a la chimenea obras de Dante y Virgilio, están bien esos 20 euros, Pero para todos los demás creo que, como internet ha cambiado la manera de informarse, cambiará también la manera en la que disfrutamos del ocio los amantes (y creadores) de la literatura.
¿Qué pasaría si pudiésemos bajar el precio del libro a 5 euros o menos? La gran respuesta de esos nuestros fantasmas con eco (dueños de editoriales y demás, vamos a ponerles nombres): bajaría la calidad y que todo sería una selva.
Respuesta para estos “caballeros”: La calidad no puede ser peor. Me da vergüenza que, cada vez que digo que soy escritor, me digan que si escribo novelas rosas o sobre un documento templario que encontré mientras orinaba. Así que, si son ustedes los “guardianes” del buen gusto literario, les digo humildemente: búsquense un oficio digno y dejen de robarnos nuestros 20 euros.
¿Qué el panorama literario se convertiría en una selva? No, claro que no. Por desgracia, cuando pongo en un buscador cualquiera: “Pepito el de los palotes” me saldrá (seleccionada) de entre todas las entradas de Internet referentes a “Pepito el de los palotes” aquella que más interés haya tenido para los usuarios. Si existe una noticia mejor, serán los mismos usuarios los que decidan (mediante los links o enlaces desde sus páginas que esta noticia sea de mayor interés para nosotros, ávidos fans de nuestro querido Pepito). No es una selva, son entradas ordenadas según su interés (son los propios usuarios los que nos recomiendan sin quererlo).
Pero la maravilla de internet va mucho más allá (y esto lo digo para algunos colegas que parece tienen en gala escribir aún con pluma de ganso). Si los contenidos pueden ser indexados (listados) según categorías, entonces la persona interesada en leer algo (ejemplo, un ensayo) sobre Simone de Beavoir, obtendría, de entre todos los ensayos escritos, el que mejor se adapte a lo que busque. Ejemplo, queremos conocer las vicisitudes amorosas de esta señora. Metemos algo así como: simone beavoir, sartre, amor.
El resultado serían una seria de documentos sobre simone ordenados según:
a) Su adecuación a la búsqueda.
b) Su importancia social.
c) Su calidad (porque lo quieran o no, lo bueno siempre permanece y, por muy extraño que parezca, las personas no somos tontas del todo).
Claro, dirán estos señores, eso no tiene filtro, y cualquiera puede poner chorradas en las que se repita la palabra “amor” junto a Simone de Beavoir (y Sartre, ya de paso). Bien, esto ya ha sucedido, y los buscadores han eliminado las entradas porque no tienen importancia (las personas no las enlazarían). Dicho de otra manera, los motores de búsqueda no harían caso de esta entrada potencial, nos darían (salvo fallo improbable) el resultado que más se acomode a nuestros gustos como lector.
Luego viene el tema (que a todos parece interesar) del vil metal. El material literario abarataría su coste radicalmente. Pero hay un tema más interesante (y aquí me permito barrer para casa): los intermediarios se reducirían y los beneficios irían a parar a... (aquí suenan los aplausos y los vítores): EL VERDADERO AUTOR DE LA OBRA.
En un mundo injusto en el que los intermediarios se llevan casi el total de los beneficios producidos por la obra literaria, internet puede cambiar la forma de mirar el libro y, sobre todo, ampliar de una manera directa las capacidades y posibilidades literarias de la propia materia literaria.
Internet es la obra abierta que todo hombre de letras alguna vez soñó (salvo Torquemadas y alguna que otra alma en penitencia perpetua). Permitiría tanto al lector como al escritor un diálogo directo, mucho más rico y duradero (por paradójico que esto pueda parecer, aún nos asusta la inmediatez del medio). Pero aquí viene un punto capital: el autor escribiría de lo que realmente quiere, liberándose del grillete impuesto por las editoriales y llegando directamente a su público, un público con capacidad directa de elección (no sólo se basaría en lo bonita que es la portada o la crítica pagada en la revista especializada de turno) y con capacidad directa de veto sobre algunas obras (siempre se pueden hacer comentarios sobre una obra mala y, en caso de que este comentario tenga la aquiescencia del resto, la burbuja se extendería de una manera electrónica, de manera que el lector potencial sabría de los posibles inconvenientes de dicha obra).
El mundo se llenaría de obras literarias maravillosas, grandes o pequeñas, poemas de diez páginas y de mil versos, poemas santos y versos profanos, se llenaría, a través de nuestro particular Estigia electrónico, de textos grandiosos y otros no tanto... pero se llenaría, sobre todo, de los textos que al público de verdad interesan.
Por mucho que algunos digan, veo un cielo abierto para las letras y para el mundo. Los ecos provenientes de gobiernos miedosos, atrasados y totalitaristas (y aquí no hablo sólo de países de ideas directamente inspiradas en el comunismo) nos dirán que no, que el libro está mejor en la estantería, bien adornado con tapas de piel (amén de los impuestos que dichos gobiernos se llevan al bolsillo de esos nuestros queridos 20 euros). Para todos esos ecos, para todas esas voces que gritan calladas contra la libertad y el buen juicio, para esos hombres que beben coñac servidos por doncellas frente a la chimenea, les diría que echasen un ojo a nuestro armario, a nuestra economía y nuestros hogares, ¿en cuántos encontramos hoy esa chimenea y ese coñac añejo?
Quizá algún día podamos hablar de otro tipo de cuestiones, menos económicas, mucho más serias también. Podemos estar de acuerdo o no con el copyleft (en los asuntos literarios creo que el tema es bastante más espinoso que en el musical), establecer licencias GPL o Creative Commons, pero también podemos elegir cobrar por la obra o incluso (manda narices) publicar nuestra obra en papel bajo demanda (dícese, no pagamos por nada, y recibimos por ejemplar vendido, directamente, sin tener que pasar por la caja -y el más que posible mal gusto- de los editores).
Para los escritores, Internet no es ese “gran producto filantrópico” (cito textualmente, no sin ironía, la reciente frase de un abogado). Internet es la realidad con la que tendremos que enfrentarnos ayer, una gran herramienta de uso colectivo que (en teoría) debería traer una nueva era de “conocimiento justo”, no ya basado en las imposiciones estatales o mediáticas, sino el verdadero trato justo de la palabra y su verdadero valor.
El discurso de “queremos salvar los derechos de los autores” suena ahora extraño, como si una abigarrada argumentación planease quebrada: “nos quitan el negocio”. Internet no es el enemigo de los artistas, sino la herramienta para un futuro, como lo fue en su día la imprenta, que cambió el método tradicional de la difusión literaria (y no terminó precisamente con la vida de los escritores, sino que los llevó a un nuevo lugar en la historia).
Internet cambiará poco a poco el mundo, sólo hemos visto el principio de un gran movimiento..., y es que, por mucho que algunas voces quieran callar el eco de la libertad, no podrán nunca vencer al futuro.
viernes, febrero 23, 2007
Guía para convertirse en un crítico de éxito
Saludos, amigos lectores (ya me han dicho que esta fórmula está bastante pasada, pero la sigo utilizando, por eso de tocar un poco las narices). Quisiera, a raíz de las últimas críticas que he recibido, devolver un poco la pelota a mis queridos críticos que, me temo, leerán estas líneas. De no ser así... ¡qué diablos! Pasaré un buen rato al menos.Quiero también hacer notar que no quiero ridiculizar a los críticos, ya que (a veces) son tipos encantadores que tienen familias con dinero y que, verdaderamente, aportan algo al panorama literario, bien descubriendo nuevos valores, bien aportando visiones nuevas del panorama artístico. Un crítico honesto es un artista en ciernes y, como artista verdadero, entiende la dificultad del proceso y del consiguiente acceso social. Estos críticos son totalmente respetables, y para ellos va mi mayor respeto y admiración.
Luego viene otro tipo de críticos, que tienen que ganarse la vida y que, gracias a su falta de talento e incapacidad física y mental, no tienen otra idea mejor que dedicarse a la crítica artística. Estos seres, ya en un alarde de estupidez, deciden que la mejor manera de ganarse su «merecido» hueco en el panorama cultural es acuchillar a todo artista que intenta algo. Si quieres ser uno de estos críticos, sólo tienes que seguir estos puntos, que sin duda te servirán para ser atacado en algún callejón, sí..., pero también te servirán para pagarte el lavavajillas durante algunos meses.
1.- LAS PINTAS (no de cerveza).Tienes que llevar aspecto de «capullo integral» (y perdonad que no os trate de usted, eso se lo reservo a mis lectores, los inteligentes). Es decir, tienes que ir de artista pero sin gusto. Miras un par de fotos de Oscar Wilde si te va el tema «pictórico», te pones una capa al estilo Goethe y demás si quieres criticar a escritores... Ésta es una opción coherente, ya que tienes que llamar al odio sobre ti (ya lo decía el mismo Wilde: «haz que hablen de ti, aunque sea para bien»). Luego también tienes la opción B) dentro del mismo punto: vestir como un ejecutivo (aquí ya te vas a granjear todas las enemistades, eso sí, igual es lo que necesitas para comprarte el dvd).
2.- EL LENGUAJE. Es un punto a tener muy en cuenta. Tienes que aprender palabras como «huero», «falaz». Cuando no tengas ni idea qué significa esto o aquéllo, cuando no te llegue un mensaje... ¡No, por Dios! ¡El estúpido no eres tú, son los otros! Entonces tienes que decir cosas tales como: «sin contenido», «huero, banal», «me deja frío» (esta última parte es peligrosa, no vaya a ser que os acusen de «poco sensuales»).
Sobre este punto existen diversas recetas, cada una peor que la anterior y que os hacen quedar como imbéciles delante de cualquier persona con un poco de sentido común. Pero preguntaros qué buscáis realmente: ¿Pagar las facturas o convertiros en personas decentes? Desde luego, si os metéis a críticos de segunda no esperéis ganaros el cielo.
Con el lenguaje, tenéis que demostrar que tenéis estudios (aunque os pasaseis la carrera en el bar, eso no importa). La cuestión es que parezca que aceptáis todo pero que no os convence cualquier cosa: podéis emplear palabras como «culteranismo». Ésta puede llevaros al éxito, pero ¡cuidadín, cuidadín!: ¡las personas que os van a leer igual saben quien era Cervantes! Puff, entonces lo tenéis difícil, amigos, igual consideran que (quizá) el medio artístico sea algo más que contar historias sobre indigentes y problemas sociales... ¿Qué hacer con estos? Tenemos que ganárnoslos también, con el disimulo, en plan Maquiavello. Hay que dar una de cal y otra de arena. Ejemplo: «Cayendo en el culteranismo» (si alguien se lo piensa tendrá una fácil respuesta y quedamos como imbéciles, es cierto: No tenemos ni idea de qué quiere decir, pero ¡Jo, qué bien queda eso de «culteranismo»!).
3.- ¡NO RECONOCER LA IGNORANCIA NUNCA! Está claro que cuando no tenemos nada que decir, cuando nos quedamos como Pitufo Dormilón leyendo la Crítica de la Razón Pura... Cuando nos preguntamos en una cuita metafísica: ¿Qué narices quiere decir? Entonces ha llegado el momento de utilizar nuestra palabra estrella... ¡HUERO! Claro, miramos nuestro diccionario de sinónimos y encontramos multitud de formas para expresar lo mismo: «sin sentido», «no me llena», «se recrea en la forma», «sin llegar a alcanzar en ningún momento al (lector, espectador...)».
Moraleja (Frase de Lisa Simpson): Es mejor permanecer callado y parecer tonto que abrir la boca y confirmarlo. Respuesta de Homer (que no se ha enterado de nada, como nosotros con una obra de psicología estructuralista): ¡Si lo sabré yo!
Por favor, somos críticos de éxito, no monos en una feria. Siempre hay que decir algo. Por tanto, tened listas unas frases que a cualquier artista le duelan. Esto es a gusto del consumidor, sólo doy unas pequeñas pistas, que cada crítico (en su inmensa inteligencia) puede aplicar como le parezca (o dedicarse a cosas más decentes y a su altura intelectual: suicida).
4.- HALAGAR DE VEZ EN CUANDO. (Punto importante) Hay que decir, de vez en cuando, que algo está bien (si no nos pillan el truco). Pufff, nos miramos al espejo y nos confesamos: Padre, confieso que no tengo ni idea de qué estoy haciendo, a mí me parece igual un cuadro de Velázquez que el dibujo que ha pintado mi bebé. No importa, para eso estamos leyendo esta guía de descarriados (que me perdone Maimónides). El tema es que todo aquello que sea sencillo, un poco poético, un poco plástico... ¡Eso está bien, cumple con nuestros parámetros! Entonces le ponemos alguna frase como «honesto, sincero..., detrás hay un artista». Luego, para cubrirnos las espaldas, podemos decir algo malo del artista (por si acaso lo ha pintado o escrito nuestro bebé): «Tiene aún puntos flojos, pero se atisba una madurez en su manejo del (lenguaje, pincel, consolador)».
5.- ¡EL TEMA DE LA MADUREZ! Esto nos va a traer éxitos continuos, ya veréis. Cuando queramos poner a medio-parir a alguien: «no ha alcanzado su grado de madurez», «le falta experiencia». Sirve para todo, creedme, tanto si sois madres con alguna carencia afectiva como si sois críticos de ópera. Cuando un hijo no os hace caso: «Le falta madurez». Cuando os habéis dormido en medio de la ópera: «Tiene buen timbre, pero le falta madurez». Éxito garantizado. Y es que... Os contaré un pequeño secreto, la madurez es eso de los que todos hablan y nadie sabe qué es.
6.- ¡HISTORIA, HISTORIA! Queremos parecer tipos con carrera, tipos de esos que lo saben todo y eso. Bien, haceros con un ordenador y leeros, por encima, una página que os defina en poco menos de veitne párrafos la historia del arte. Lo siento, amigos míos: hay que aprenderse esos veinte párrafos (pensad en el flamante lavavajillas que os vais a comprar, no me diréis que no merece la pena). Luego viene el tema: hay que comparar la obra con algún período de la historia del arte y decir que no aporta nada nuevo. Total: vemos un cuadro que parece que lo ha pintado nuestro hijo (si lo ha pintado Picasso y no tiene cartelito estamos ante un serio problema). Bien, miramos nuestros veinte párrafos y decimos: Vanguardia. Perfecto, ya somos críticos profesionales. Ahora sólo tenemos que dar con la frase adecuada. Podría ser algo así como «enclavado dentro del terreno de la vanguardia, el artista (poner aquí el nombre de la víctima) se pierde en historicismos y revisionismos que nada aportan a la historia de la pintura».
Amigos míos pero... ¡si es que ya parecéis unos críticos profesionales! Esto vale para todo.
Ejemplos:
Literatura: «El libro se basa en la repetición de esquemas ya vistos, sin aportar nada nuevo a la literatura. Vemos huellas de Joyce (a este lo podéis poner dónde queráis, porque total... Nos ha influido a todos), Dos Passos o Hemingway (a este último lo citan tanto porque es sencillito y americano, y queda medio moderno, un éxito asegurado)»
Ópera: «La representación no aportó nada nuevo, limitándose a la repetición de esquemas tantas veces contemplados y recreados por artistas que sí merecen ser llamados escenógrafos como... Bla, bla, bla (quién sea, eso da igual)».
Música clásica:
Caso de que nos parezca agradable: «El compositor parece anclado en un clasicismo que no consigue superar»
No entendemos ni un pimiento: «Schoenberg planea cual fantasma sobre la obra, pero el artista repite más que asimila» (esto es para destrozar a cualquiera que intente algo nuevo).
Si controlamos este punto, el lector dirá: Joer, un tipo tan culto no puede estar equivocado. ¡Jejeje, si es que somos los mejores!
7.- ¡A MÍ NO ME COMPRAN! Perfecto, pero que no descubran que os estáis pagando el lavavajillas (cómo van a estar de bonitos los plantos, si es que sólo pensarlo... ¡Me dan ganas de destrozar mil artistas!). Esto hay que usarlo con cuidado, porque la réplica es fácil. La moraleja de ésto es que tienes que parecer un tipo íntegro que no se deja avasallar por las modas (pero cuidadín: no poner en tela de juicio nada reconocido). De vez en cuando, adornar la crítica con algo así como: «muchas son las tendencias y las modas, poco aportan. Lo verdadero, siempre permanece.». ¡Quedamos como reyes!
8.- EL LECTOR ES EL AMO. Es decir, si escribimos en un medio mayoritario podemos emplear temas como «estirado» o similares, pero ni se os ocurra poner eso cuando escribís críticas de ópera. Vamos a ver, lo normal: «demasiado formal, ignorando al lector» (traducción: no sabemos de qué habla y no pienso buscar las referencias, ¡hay fútbol en la tele!). En el segundo caso (que escribamos para lectores que igual sí se dan cuenta de qué hablan): «Las referencias no aportan nada al texto, constituyendo meras pinceladas de talentos mucho más grandes». Como dijo Lope de Vega, hay que darle al lector lo que pide.
Perdón por el ejemplo que voy a poner (pero me parece a la altura de los críticos). La principal crítica que se hace a los jugadores de fútbol es la siguiente: ¡Joder, macho, con lo que cobran! Vale, moraleja: hay que ir a por ellos y tener en cuenta que el lector a cual van dirigidas nuestras exoneraciones retóricas está bastante más hecho polvo que él. Ejemplo: «El autor hace un mal uso del lenguaje» (aquí sacar a relucir cualquier tontería, como un fallo tipográfico o lo que sea). Otra mejor: «el autor olvida a su público, convirtiéndose en un Narciso moderno» (ofensa media). Ya, si queremos ser unos pelotas de campeonato, tenemos frases de este estilo: «El autor ofende a un bienintencionado público que no se deja engañar, un público siempre en busca de una verdad que, desde luego, no encuentra en sus (líneas, pinceladas, notas)».
Bueno, hasta aquí hemos llegado con la ironía del mes. Espero que os haya gustado. Por favor (que últimamente todo hay que decirlo), no os las toméis en serio. Espero que nadie se haga crítico después de leer esto. Creo que, de vez en cuando, surge alguien que sí merece la pena, alguien que puede ser llamado crítico (como también son pocos los que merecen ser llamados artistas). Un crítico no debería ser un artista frustrado o alguien que no tiene otra forma de ganarse la vida, la crítica debería servir como acercamiento entre autor y público. Para todos aquellos que hacen de su vida una cloaca, para todos esos críticos que viven de destrozar ilusiones y sueños, para todos esos les envío mi más optimista deseo: El mundo está mejor sin vosotros, ¡pudriros!
martes, enero 23, 2007
Rendiciones
El mundo funciona así: cualquier manifestación de carácter fuera del, digamos (vaya, me repito), «sistema de esclavismo imperante» se ve como no sólo como una crítica al sistema, sino como un ataque personal para todas aquellas «personas» (entre comillas, por si no lo notan, queridos detractores) que, embebidas de fracaso y mal gusto, viven sus días amargados y carcomidos por las invisibles cadenas que no les permiten manifestarse como ellos quisieran (sí, es decir mucho: la mayoría no tienen nada que manifestar).
El sistema va más allá: una vez adocenados, produce individuos «adocenadores», es decir, que el sistema crea una retroalimentación que servirá para producir individuos aún más esclavos. Esto está muy bien, y producirá generaciones de individuos felices, porque todos somos felices en este mundo con lavadoras y dvds (nadie se ha quejado de la comodidad, en fin).
Recientemente, y bajo la negativa a publicar en formato papel mi obra «Diarios de un Fumador», he decidido ponerla a la venta en formato electrónico. Su precio será claramente prohibitivo para cualquier economía familiar (más o menos dos euros, sí: dos). Con esto, perdonen, no pienso hacerme rico ni nada por el estilo (a no ser que venda un millón de copias). Pongo este precio (simbólico) y pido con ello una especie de apoyo tácito a todos los escritores y artistas que, casi anónimamente y sin buscar beneficio económico, trabajamos en pos de una mejor literatura, experimentando aún en casos de que nos golpeen y nos fustiguen con comentarios malintencionados.
Mi obra no es una obra narrativa: no quiero timar dos euros a nadie. Que nadie espere una desgarradora historia sobre el espíritu humano. Si tiene alguna virtud, se encuentra en la estructura y su vena «metaliteraria». La obra está narrada en clave faulkneriana de manera consciente y las referencias a otros mitos literarios son constantes. Con esto, lo sé, corro el riesgo de caer en una pretenciosidad manifiesta y, créanme, lo sabía desde que comencé la obra. «Diarios de un Fumador» habla sobre la estructura de la novela moderna en clave narrativa.
Cuando comencé, hace ya creo bastantes años, mi carrera literaria, sabía que no sería fácil, que sería mejor entablar un diálogo con los lectores de una manera más tradicional. Esto fue hace ya más de diez años. Ahora, con el paso del tiempo, el panorama literario ha alcanzado cotas de estupidez que ni yo mismo sospechaba. Libritos de aventuras y noveluchas históricas parecen acaparar el grueso de las lecturas de las «personas cultas». Me parece bien, no voy a negar lo que defiendo desde un primer momento: la libertad. Cada uno es libre de drogarse, practicar la eutanasia o leer basura (sí, al menos desde un punto de vista ético, lo que digan las autoridades me da ya igual).
Desde este mi pequeño foro, desde este púlpito que nadie agradece, os ofrezco mi obra y os invito a que la comentéis.
Sí, voy a reconocerlo, pretendo aportar algo al panorama literario: ¿una revisión crítica? Tal vez, pueden llamarlo como quieran. No escribo al azar, mido las palabras y sé desde un principio lo que quiero contar, cuando hago referencias a otros autores están ahí por algo, y son parte de una trama interna que, esta vez sí, me interesa contar. Mi ideal de novela se conforma como una cebolla: la capa exterior puede que sea desagradable a algunos, puede que no interese (¿quién utiliza la piel para hacer la salsa?); puede que sólo algunos lectores quieran traspasar dicha capa, puede que no les interese a demasiados.
No quiero contar historias. Sí, lo sé, parece una contradicción. Mi objetivo es contar aquello que no se lee a partir de aquello que se lee. Quien busque una historia de claves ocultas históricas, que vaya a una tienda de libros y coja el primer volumen que tenga enfrente: tendrá una narrativa aceptable y contará una historia que le enriquecerá, tendrá fundamento histórico (alguno) y, sobre todo, le entretendrá. En mis novelas no van a encontrar eso: sólo hallarán un desarrollo narrativo en torno a la «metalitetura». Sí, cuenta cosas y se puede seguir de una manera más o menos aceptable. Es confusa, liosa (ya se lo digo), pero también encierra una revisión y una nueva visión del panorama literario hasta nuestros días.
«Diarios de un Fumador» es como aprender a fumar en pipa: no gusta a todos, es fuerte y sabe a tierra seca. Con el tiempo, tal vez algunos juzguen adecuado este mi trabajo que ahora os ofrezco, desde mi desengaño pero también desde mi esperanza.
Voy también a abrir una sección para vuestros comentarios sobre la novela. Si la léeis, me gustaría saber vuestra opinión. Las publicaré todas, hasta las escritas desde esa bilis negra que, a veces, posee al lector. No importa, una obra no está hecha de palabras, una obra literaria es un proceso en el tiempo, vivo, que se alimenta de los comentarios y las críticas.
Desde aquí os ofrezco no mi rendición, sino mi esperanza en un público inteligente y voraz, en un público que, confío y sé, aún existe.
martes, enero 02, 2007
¡Feliz 2007!
Señores, entendamos que esas pequeñas aportaciones de capital que tenemos que hacer a nuestro querido Estado son mínimas en comparación con los magníficos servicios que nos dan en contraprestación (cuando se me ocurra alguno, lo pongo). ¿Podemos poner precio, acaso, a la libertad infinita que nuestro Estado nos proporciona? Creo que sólo hay una respuesta: No. Algunos advenedizos de baratillo hablan de elevados impuestos, de corrupción por todos lados... ¡De violación de los derechos humanos! Por favor, seamos serios. Hemos tenido, para empezar el año con buen pie, la imagen de Sadam Hussein ahorcado (algunos se quejan de que eso va en contra de los derechos humanos, anda que...). ¿Qué mejor forma de empezar el año que la imagen de un dictador ahorcado? Sí, así nuestros niños pueden deleitarse con una imagen navideña y familiar.
Menos mal (digo, y digo bien) que nuestros gobernantes se preocupan por el pueblo. Lejos de aquellos tiempos del Rey Sol, ahora estos que tienen el poder gobiernan por y para el pueblo. ¡No! Digo más: Son parte del pueblo y caminan entre las gentes, sin dejarse seducir por el poder zalamero (me gusta esa palabra).
Además... ¿cómo no voy a estar contento y feliz (sin saber qué es una reiteración) si cada vez nuestros hijos, futuro del país, estudian más y mejos? No, no están criando una red de paletos incultos, no... ¡Ahora leen colecciones grandiosas preparadas para su edad! Yo me pregunto: ¿Para qué volver atrás si nuestra literatura actual ofrece obras grandiosas muy superiores a eso que llaman «clásicos»? ¡Sí, por fin nuestra gran sociedad ha superado los clásicos y la modernidad, de una vez por todas, ha terminado con el imperio de la tiranía! Cada vez que se tira en un país gobernado por tiranos una bomba... Allí estamos todos, ahí estoy yo, ciudadano demócrata, con mi pin de Sadam ahorcado y con la palabra «libertad» en una camiseta de cien euros.
Pero no nos engañemos, no todos los países viven tan bien como en España (paraíso de la cultura y el librepensamiento). Hay lugares en que se piensa de manera diferente y, espero que no me caega un rayo, no creen en Dios, en nuestro Dios único probado por siglos de excelentes filósofos. Son estos países lugares de corrupción en el que se devora a los niños nada más nacer y se cometen atrocidades de la más diversa índole. Nuestra labor como demócratas es darles luz, la luz que en occidente sobra. ¿Pueden creer, hermanos, que incluso hay países en los que no saben lo que es una maravillosa hamburguesa? Sí, lo sé, yo tampoco entiendo cómo pueden sobrevivir, por ello su esperanza de vida es más baja que la de occidente.
En estos países se tumban «a la bartola» sin hacer nada en todo el día, porque tienen sistemas económicos comunistas o incluso peor (no me atrevo ni a pronunciarlo). Estos sistemas, permítanme, no crean la necesaria competitividad para un progreso sano y, así, las gentes no tienen incentivos que cumplir. ¿No es acaso mejor nuestro sistema mucho mejor? Nuestros gobiernos, con esas pequeños impuestos (ni nos damos cuenta, ¿verdad?) nos proporcionan, aparte de estabilidad y libertad, los elementos necesarios para hacer de nuestras vidas un paraíso de comodidad.
Desde aquí os pido, amigos demócratas, que encendamos nuestras lavadoras y electrodomésticos y cantemos a una: ¡Viva la libertad!
Este 2007 promete, feliz año a todos.
lunes, noviembre 27, 2006
Audiencias

Sin quererlo, casi, esperando la gloria de los triunfos de nuestros equipos en la Copa de Europa, me vi envuelto, gran pecado, impávido, en lo que por aquí llaman «telediario» (los antiguos lo llamaban «parte», término quizá más adecuado, como todo lo antiguo). Volveré a mi comentario particular: He estudiado periodismo y, debido a ello, mi indignación cada vez que contemplo uno de estos ejemplos modernos de manipulación va creciendo de día en día.
No citaré la cadena en cuestión (porque lo hacen todas, al menos en este caso). Hay constantes en cada cadena, pero también hay una especie de «norma de estilo» que cumplen todas las cadenas. Animado y divertido, seguí contemplando la correcta aplicación de la norma de estilo.
Las noticias en cuestión versaban acerca de una nueva droga de diseño cuyo titular (lo hacían «en colas», para que luego digan mis profesores que no aprendí nada, acertarían): Nueva droga más nociva que la heroína. ¡Toma ya! ¡Alarma social! Si es que estos jovenzuelos... ¡Cada día peor! El informativo en cuestión no mentía, todo hay que decirlo (o eso parecía, pero no importa la mentira o verdad, sino la forma que se le da a la información, son los nuevos tipos). Aportaban datos concluyentes sobre la nueva droga y la comparaban con las anteriores de diseño, incluso tomaban fotografías de algunos consumidores, comparando el antes y el después (en fin, quizá sea por otros motivos, pero no me meteré con esto).
Lo peor venía después, ya que, perfectamente hilado con un final de la noticia tipo «el 80% de los jóvenes reconocen haber consumido alguna sustancia considerada como droga» introducen una información sobre los jóvenes (el alcohol, en este caso). Conseguir imágenes del lamentable estado de algunos parques tras un fin de semana en una gran ciudad española no es complicado (lo reconozco, algunos son bastante «cochinos»). Bien, tenemos que los jóvenes, que consumen drogas en un 80% (obviamente, creeremos en la estadística, nos han educado así) y que beben como condenados a muerte... son peores que Belcebú en una convención republicana (más o menos será la conclusión que obtenga cualquiera que contemple semejante colección de tonterías (ahora lo llaman «Noticias»).
Sigamos con la colección de «verdades evidentes» (y aquí hay variaciones entre una y otra cadena). Según el medio pertenezca a un sector u otro, ponen antes o después la noticia sobre las reacciones de gobierno u oposición. Total que, fieles a la norma de «lo que cuenta es el final», plantan un comentario ridículo de uno de los contendientes con respecto al tema (poniendo «a caldo» a la otra parte), para seguir con la conclusión de la parte (gobierno u oposición a la que quieren apoyar).
Este simple hecho, que pudiera parecer estúpido, marca la norma de lo que es la información actual: política basura. No, ya no hablamos de la diferencia filosófica entre una tendencia u otra (podríamos incluso hablar de Platón). Venden la idea de que la noticia ha de ser asequible a todos, por lo que, considerando al espectador (o lector) medio un idiota integral, simplifican los términos para que «llegue a todos». La noticia en cuestión se queda a medias. No mienten, no, sólo cuentan una parte de la verdad.
Lo peor de la cosa es la propia estructura, la manipulación inherente en el hecho de la organización estructural de un noticiario. Esto no es nuevo, señores, y podríamos compararlo con el «montaje de atracciones» de Eisenstein (mientras no acudía a clase me dedicaba a leer cosas como ésta, bastante más útiles): Dos imágenes consecutivas producen un efecto en el espectador, una especie de metáfora fílmica. Un ejemplo nos aclarará la situación: Un plano del diablo devorando a un recién nacido seguido de la imagen de un policía nos dará como emoción o conclusión que «los policías son peores que el diablo, hay que temerles».
Esta teoría del montaje resulta muy aplicable en estos tiempos. Si hilamos las noticias una u otra manera la conclusión global que el espectador obtenga de un tema de actualidad será totalmente diferente de la que obtengamos de una estructura diferente. La manipulación ya no consiste en la mentira, es ahora mucho más compleja. Se habla de un medio plural, sin mentiras ni adjetivos (en parte, viene a ser cierto), pero la manipulación ya no proviene de la desinformación, sino del adjetivo que deviene de la propia estructura.
Quizá esté equivocado, amigos, pero en seis años de periodismo sólo una asignatura sirvió para decir, un poco, la verdad: Opinión Pública. En esta asignatura (creo que era de cuarto, al menos en mi plan), hacían una revisión histórica de la manipulación de los medios de comunicación a lo largo de la historia.
Sí, señores,la prensa está controlada por grandes grupos que, bajo intereses económicos, tiñen la verdadera política de plutocracia y nos envuelven en una guerra que no nos importa (o no debería). No, nuestros hijos no son unos drogadictos que se matan a consumir alcohol los fines de semana, no... Les recomiendo que salgan a la calle y hagan ustedes mismos las estadísticas, que se topen con jóvenes y vean si este 80% del que hablan las encuestas es real. No, que no nos asusten con números, no nos dejemos amedrentar por esta política del miedo que parece imperar en los noticiarios. No nos van a atracar cuando salimos a comprar el pan (ahora la han tomado con los ucranianos y los del este), si nos encontramos a un joven no va a echar espuma por la boca para conseguir su dosis, no...
Tal vez quieran lograr con esto adocenarnos, hacernos confiar en un sistema que, lejos de buscar el interés de un pueblo, está detrás del interés económico de unos pocos que controlan los medios. Es la política del miedo... Como ya sucedería en los EE.UU. (si es que copiamos todo lo malo) nos asustan constantemente y nos hacen temer una amenaza que, en realidad, no existe. No, la amenaza de verdad está en unos hombres que emplean cruelmente unos medios de comunicación para usarlos en su beneficio, para crear una cortina de humo, para evitar la crítica hacia el que debe ser el verdadero enemigo. Pagaremos nuestros impuestos porque nos hacen ver que es la única manera de luchar contra este mal que son las drogas, el sexo y rock... Sí, la juventud está corrompida y hay que cambiarlo todo, poner uniformes y teñir de negro los sueños de una juventud que ha nacido sin esperanzas.
Temer, a todo, a lo distinto y a lo desconocido, a lo vulgar y lo excéntrico, a lo maravilloso o a lo sublime. Todos debemos entender, es una cultura para todos y por todos.
Sí, todo esto es mucho mejor que darnos la oportunidad de pensar, de luchar, de imaginar.
miércoles, octubre 18, 2006
Proteccionismos

Leyendo un tratado de arquitectura (de Bruno Zevi, para ser más exactos) surgió, a raíz, creo recordar, de su análisis sobre la arquitectura romana... una reflexión en la que, sin duda, coincido: los proteccionismos académicos para con las diferentes ramas artísticas (suena bien sí).
Esto viene a decir que, tomando los parámetros fundamentales de este o aquel movimiento, podemos establecer en base a éstas las líneas directrices de éste o aquél autor. Total... que si decimos que todos los románticos son azules, lord Byron, en cuanto romántico, es azul (mi afición por los silogismos y las formas lógicas del pensamiento me llevarán a la inanición mental un día de éstos). Estos denominados "proteccionismos" sirven en gran medida para la "excelente" labor didáctica de algunos de nuestros profesores (todos los recordamos, sí, ahora sabemos que no tenían mucha más idea que nosotros, o incluso menos, en muchos casos). La labor institucional para con el alumno consiste en darle unas bases y luego, tirarlo al río (lo cierto es que poco importa, estará pronto trabajando en un taller clandestino, en uno de los múltiples y posibles casos). Pronto olvidará las etiquetas de romántico y su máxima noción del movimiento le llevará a hacer una cena con velitas en el mejor de los casos posibles (por cierto, tiene que ver la confusión, ya que en el momento del auge del movimiento, las roman, novelas en francés, tenían un claro carácter sentimental).
Pero lo peor viene cuando el individuo en cuestión no ha terminado clavando chinchetas o arreglando puertas. Hay algunos de estos esforzados alumnos que, no estando contentos con su futuro, se afanan en el saber y logran una sabiduría que envidiaría el mismo Heráclito (sí, es un chiste): logran conocer todas las etiquetas y asociar los nombres con dichas etiquetas (incluso han leído las contraportadas de los libros más populares). Éstos (ironía arriba ironía abajo) se convierten en los sabios de la actualidad, los "creadores de opinión", son aquellos a los que escuchamos embelesados y sus palabras se perfilan y nos llenan de magia.
Sí, estos señores devoran (a veces literalmente) recopilaciones y explican los autores rellenando los pequeños huecos que estos proteccionismos han ido dejando. Algunos de ellos, lo reconozco, no son tan estúpidos como planteo en estas líneas, sino que logran, entre estas vagas etiquetas, entresacar las características más adecuadas para determinado artista. Incluso hay algunos de ellos que logran evadirse de la etiqueta y "analizar" (horrible palabra) el momento.
Hasta aquí, más o menos, todo bien. El problema se inicia cuando estos tipos adquieren el sublime momento de sabiduría e iluminación y pronuncian las palabras ante el Sanedrín: "Tengo que comer". Bien, necesidades básicas, amigos míos. Total... que escriben libros aglutinando todo su saber y, para ello, recurren a las interpretaciones preestablecidas (dícese, volviendo a los proteccionismos) para hacer la labor de comprensión del texto más sencilla.
Total que, como en una pocilga, los excrementos vuelven al sacrosanto lugar del que no debieron salir. Los niños tienen esos fantásitcos y nunca bien ponderados "libros de texto" que dicen sólo una parte de la verdad o que, en otros casos, mienten más que hablan (y luego critican el fútbol). ¿Por qué? Porque, señores (y he aquí la peor de las conclusiones, parafraseando a Leibniz), el Leviatán se alimenta de las mentiras, y necesita de ciudadanos mal-informados para continuar su reinado.
Los eruditos y figuras intelectuales son, así, los principales responsables de esta continua mentira, de este "saber por interés".
Quizá podamos poner como principal causante de este mal (del que nos costará librarnos) sea esa disciplina mal-interpretada a la que llaman historia que parece decirnos que cualquier tiempo pasado fue más cruel que el actual e, incluso, carecían de necesidades tan básicas como un mando a distancia (si es que ya lo decía el sabio, eran unos bárbaros).
Pero quizá no sea la historia la verdadera culpable de este desastre cultural, si bien es cierto que, por regla básica, dota de los elementos causantes del desaguisado (las etiquetas que tanto se han dado en usar en historia). Esta "visión histórica" del arte es más bien heredera del uso que hace la "clase" política (lo de clase va son sorna, sí) del elemento artístico. La política requiere de esta visión histórica para justificar sus deplorables actuaciones (diciendo que en el pasado todo iba peor parecen lavar su imagen, "vivir para ver"). Por tanto, la historia, que, en principio, se erigía como la guardiana y máxima figura del saber, se convierte en un instrumento político (como el arte), siendo empleada en beneficio de la clase política.
Como muchos habrán podido comprobar (sí, lo de muchos es otro chiste) no soy lo que podría llamarse "un demócrata", ya que considero la democracia actual como una burla a todo sistema que tenga como base la libertad. Creo que, y ahora me permito hablar en primera persona, todo sistema que atente contra la libertad del individuo está en vías de extinción y es el propio individuo el que tiene que levantar la voz contra este sistema. Lo hacen bien, vamos a reconocerlo, el propio Leviatán (sistema político democrático) controla las vías mediáticas y coarta las actuaciones ciudadanas hasta convertirlas en una ecuación sencillas en la que el Estado permite controlar los comportamientos del individuo mediante breves fórmulas. Nadie se sale del papel.
El Estado ha cortado las vías de expresión y cada individuo opina lo que el Estado quiere que opine sobre este o cual tema (lo hacen de diferentes formas, a cual más sutil, sí, es otra ironía). El cambio ha sido que ya no nos dicen lo que tenemos que pensar (he aquí el gran engaño y el éxito del sistema al que llaman "liberal") sino sobre qué tenemos que pensar. Si plantean una guerra contra unos señores de piel oscura y los medios filtran las noticias que no digan "los de piel oscura han matado a tantos de piel más blanca", nuestra lógica silogísica pronto funcionará y nos dirá: ¡Pero qué malos son los señores de piel oscura! Sí, está claro, nos han dejado elegir qué pensar, pero no han dado todos los datos para poder pensar libremente, he aquí la gran mentira de este nuestro traicionero valedor.
Tampoco nos llevemos a engaño: esto siempre ha sido así, y a la gran masa del proletariado poco le ha importado las doctrinas políticas o los cambios históricos, incluso poco le ha importado su libertad. He aquí su lema, el que siempre será: "Tengo que comer". Sí, es el máximo lema de la actualidad, en el que nadie posee nada y hasta los más poderosos sienten el hondo temor de poder perderlo todo a cada segundo, y claro... "todos tenemos que comer". Sí, nuestro Leviatán (porque lo hemos criado con el sudor de nuestras frentes y nuestra falta de moral) nos controla, pero no hacemos nada por escapar de sus fauces.
Hemos entrado en un círculo vicioso tan largo como nuestra serpiente marina, es el fantasma que se muerde la cola. Nos decimos, "nada puedo hacer", "es imposible"... ¿Quién habla? Dijo el Leviatán.
No soy demócrata, soy un hombre que cree en el ser humano, por encima de leyes y estados, por encima de falsas convenciones y muy por encima de la moral tradicional. Soy aquél que, más allá del tiempo, sueña con hombres libres.
domingo, octubre 01, 2006
Leviatán

Se habla de esperanza y de democracia, de que la sociedad ha llegado al límite de sus, digamos, fuerzas filosóficas o creativas, mientras que un mundo en “ascenso” se desmorona.
Sí, hermanos, sobre las cenizas de Roma se erigieron imperios nuevos, y sobre las ruinas de los siglos nacieron individuos capaces de cambiar el curso de una historia recreada.
Echando un rápido vistazo a la historia y, sobre todo, a sus intérpretes más aventajados (lo que, desde luego, no les confiere calidad de “personas”) observamos diferentes modos de interpretar el flujo de los acontecimientos. Están aquellos que creen en las ideas como motor de los aconteceres (los llaman idealistas, en un principio sin el carácter claramente menospreciativo que ha adquirido hoy la palabra); también están los marxistas (intérpretes económicos de la historia); los demócratas (que creen que el mundo ha esperado siglos hasta que se ha consumado, como diría Leibniz, “el más perfecto de los mundos”). Hay cientos, incluso los hay que interpretan los aconteceres de acuerdo a recetas gastronómicas y juegos del lenguaje.
Dentro de todas estas tendencias viene a predominar la marxista-democrática (dícese, que las masas “bien-pensantes”, siempre preocupadas por pagar hipotecas, son las precursoras de los grandes movimientos históricos). ¿Verdad o falacia gubernamental? Ya hablaba Hobbes de ese gracioso animalito llamado Leviatán (alejado de la raíz religiosa del gracioso pececillo en cuestión): Es un gran devorador que tiene que consumir muchos recursos (como un mal sistema operativo) y se alimenta de lo que los ciudadanos, gracias a ese lema de “Hacienda somos todos”, aportan “voluntariamente”. Sí, señores, este Estado-Leviatán de Hobbes se hace cada día más grande, y ha engordado hasta alcanzar proporciones sobre-marítimas, tiene grandes fauces y da un miedo terrible, de tal manera que los buenos ciudadanos (buenos marinos todos) ni siquiera se atreven a adentrarse en los confines del mar.
La leyenda del Leviatán tiene también su contrario: Beemoth. Dice el cuentecito (supongamos que en el Talmud) que será éste el encargado de terminar con el Leviatán. Pero son dos grandes bestias, y no puede fiarse Dios de este segundo monstruo, creado sólo para terminar con el Leviatán. Sí, hermanos: metáforas. Como dijo el bíblico poeta (nótese mi ateísmo de facto): Quien tenga oídos, que entienda.
Nuestro Leviatán se llama Estado, y gracias a este invento para confundir a estúpidos mal llamado “democracia”, tiene unas fauces cada día más poderosas. El Leviatán, incluso, ha alcanzado la sacrosanta capacidad de observar nuestros movimientos, de decirnos qué pensar bajo la sutil amenaza del silencio (ya lo decía Noelle Neumann).
Nuestro Leviatán no está creado por los políticos, pero estos le sirven y obtienen los despojos del monstruo, como esos parásitos que rodean a ciertos mamíferos. No nos engañemos, señores: El Leviatán es el espíritu de nuestro miedo y nuestro más temible conservadurismo. Sí, hemos llegado al más perfecto de sus mundos, un mundo en el que vivimos de despojos y, para colmo, estamos saciados en nuestra mendicidad.
Las masas arguyen incapacidad para enfrentarse a este monstruo pero, a la vez, muestran su estúpida fuerza en manifestaciones sin sentido. Se manifiestan y, así, juntos en hermandad, logran olvidar la gran mentira que es la razón de sus vidas: la miseria. Mientras, culpan a los esbirros del gran Leviatán de los pecados del mundo, esperando que, tras la sustitución de los sirvientes la corrupción cese. Sí, maravillas del bipartidismo, dentro de cuatro años volverán los antiguos esbirros.
El Leviatán no tiene moral, sólo encontrar las copiosas cantidades de alimento diario que necesita para subsistir. Su estómago no tiene fin, alimentémosle hasta que reviente su estómago... ¿tendrá fondo? Sí, ésta parece ser nuestra filosófica resolución.
En un mundo en el que el papel de Aquiles ha dejado de tener sentido, sólo la masa tiene fuerza. Confiemos en ella para derrotar al Leviatán, juntos, unidos en la estupidez. ¿Quién quiere derrotarlo?
Así, hermanos, como diría Alex, hemos vendido nuestra libertad a cambio de un plato de lentejas, de una comodidad mal entendida y malvendido el espectro de nuestro padre rey, verdadero pasado. Hubo un tiempo en el que nuestras conciencias no podrían soportar el peso de una muerte, un tiempo en el que, alejados del mundo, los hombres producían monólogos. Hubo un tiempo en el que un Hamlet libre, perverso ahora, era capaz de preguntar por la esencia de la crueldad y el pecado del hombre.
Ahora, esclavos, nos hemos liberado al fin de la capacidad de pecar, porque hemos entregado al Leviatán la llave de nuestra libertad. Ahora, por fin, nacemos incapaces de pecar: el Leviatán nos ha liberado.
miércoles, septiembre 13, 2006
Es una buena época, vaya que sí... Vuelve la Champions League y las ligas nacionales. Total, que el mes de septiembre ofrece un sinnúmero de ocasiones excepcionales para vivir la vida. Lo cierto es que aún tengo resaca veraniega (creo que es la primera vez que me pasa) y volver a mis entretenidos quehaceres me está suponiendo algún que otro problema... Que si el bocadillo de las doce, que si la siesta, que si ahora los partidos de los martes los han cambiado de cadena... Sí, amigos míos, es un trabajo agotador que dejaría sin aliento al huno más fornido.
Tendré que ponerme a trabajar y terminar "Diarios de un fumador" al fin, escribir relatos, terminar "Perversidad" y escribir algún que otro capítulo de "El misógino" (sólo pensar cuántas cosas tengo que hacer me dan ganas de echarme la segunda siesta del día). Gracias a Dios, hoy hay fútbol (aunque sea el Madrid, algo hay que ver).
Se habla de la estupidez esa de "El síndrome post-vacacional" que si la gente se deprime y eso... Lo cierto es que con la llegada del mes de septiembre siempre me imbuye un sentimiento de "querer trabajar" bastante extraño. Por suerte, sólo durará quince días, por lo que estoy a punto de superar mi gran crisis existencial.
Pero todo ello, la primera crisis vacacional... el agujero en la capa de ozono... el voto por correo del Madrid... Me hace pensar si no estará la vida de la gente (y la mía, que en esta ocasión no me escapo) tan vacía durante el resto del año que, en un alarde de sinceridad, ponen todas sus esperanzas en un período relativamente corto (excepto los profesores, cómo viven esos). Después de todo, tengo suerte, y no tengo demasiadas ganas de que lleguen las vacaciones de Navidad (más que nada, me ha recomendado el médico, al que nunca voy, que no coma más polvorones en vez de uvas durante las campanadas)... Siempre nos quedará el eterno "ya llegarán las vacaciones", como el señor ese de una agencia de viajes que está preparando las vacaciones todo el año (en fin, al menos en Roma cuando tenías un hijo tullido te permitían dejarlo tirado en la calle a ver si alguien lo recogía).
Su viejo escritor, con menos ganas que nunca de trabajar, ha vuelto, prometo entregarles algún que otro relato este año y terminar, al menos, una novela. Puedo prometer y prometo (cada día me parece que envejezco más rápidamente) que entregaré un artículo, al menos, por semana y que les iré contando las grandiosas vicisitudes del ocioso.
¿Buen artículo, verdad? Si es que tras dos meses sin fútbol... ¿qué esperában? Prometo ser más caústico e hiriente la próxima vez.
Martín Cid
domingo, julio 16, 2006
El misógino
Recientemente he comenzado una nueva aventura. Se llama “El misógino, diez lecciones de amor”. Es el primer libro de este tipo que escribo, aunque creo que podría ser divertido llevarlo a cabo (nada más que eso, no pretendo darle demasiado “toque literario”).
Tengo ya lista la primera lección que se intercalará con las dos primeras historias de amor (que poco tienen que ver con el amor). Serán, para variar un poco, veintidós capítulos, las diez lecciones y los veintidós relatos.
Lo publicaré en Grupo Alción (http://www.grupoalcion.net) a partir del lunes (con lo que estaré haciendo tres novelas a la vez, manda narices) y se publicará un capítulo cada quince días. Espero que, si alguien tiene la mala conciencia de leerlo, aporte sus comentarios maliciosos. Por cierto, no os lo toméis demasiado en serio, mujeres y amantes, sólo es una obra jocosa de un tipo aburrido que vive en una montaña.
El otro día, hablando con alguien de la obra (o un comentario de estos “intelectuales” que te salen con la quinta copa) me gané mi primer insulto: Subnormal. Estoy orgulloso y henchido de ganas de seguir. De todas maneras, si a alguno (o a alguna, aquí es cuando suelo guiñar el ojo) le da por insultar, que sepa que lo de “subnormal” ya está cogido.
Me gustaría recomendar algunos insultos, pero creo que estaría fuera de lugar (todos estamos muy…. ¿avezados? Desde que tengo el diccionario ese…). Decir que a raíz de “Diarios de un Fumador” ya me han llamado de todo menos guapo (aunque eso tampoco me lo llamaron antes del “Fumador”).
Siento el toque egocéntrico de este apunte, pero me apetecía escribir sobre lo que será, sin duda, una obra divertida de escribir.
Espero que, si os gusta, la leáis y me hagáis comentarios (podéis insultar, no os preocupéis).
Orgullosamente vuestro,
jueves, mayo 25, 2006
¡Qué mundo!
Esta tautología (soy consciente) nos lleva a una verdad aún más evidente (si Descartes levantara la cabeza): Sólo es verdad aquello que ha sido enunciado con coherencia. Bien ésta es, más o menos, la base del pensamiento occidental. Si creen que digo tonterías que me rebatan, pero estarán llevando la contraria a Aristóteles (y a ver quién es el "guapo" que osa). Todo ello viene a decir.
Primer premisa: Todo artista es sensible
Segunda premisa: Los escultores son artistas
Conclusión: Todos los escultores son sensibles
Total, queridos hermanos, que la conclusión es cierta siempre desde un punto de vista racional (a no ser que nuestros padres fuesen primos hermanos o nos cayésemos del triciclo de pequeños).
Total, que partiendo de una mentira, podemos llegar a una estupidez aún mayor, pero también podemos llegar a una verdad. Pero lógicamente, las premisas sólo se pueden comprobar cotejándolas con la realidad. Ejemplo: Si mi primo Bartolo es escultor, y es un cenutrio total... ¿Está mal la conclusión? Pues probablemente esté mal Bartolo. ¿Quién es para llevarle la contraria al mismísimo Aristóteles?
Este método parecería a simple vista algo simple, pero todo el sistema occidental de pensamiento se ha basado en esto. Incluso los ordenadores, con su modernidad, emplean este sistema. Son las llamadas "retículas booleanas" (esto hay que repetirlo tres veces). Total, que con el Y, O y NO podemos establecer relaciones entre los elementos y crear así, el universo. Parece una chorrada, pero que se lo pregunten a un programador. Si Pepe es mayor que Pablo y Palo más rico que Javier, ¿qué relación tienen Javier y Pepe? Tenían la misma novia (por cierto, un poco casquivana la chica).
Tomémonoslo con humor, el álgebra de Booles supone la aplicación a la matemática de un principio de pensamiento que, algunos antes algunos depués, ha regido la humanidad desde el Neolítico (salvo a algunos miembros de la Academia Sueca: Joyce se merecía el premio Nobel).
Esto me recuerda a esta "peliculilla" con Tom Hanks que han estrenado ahora (qué preciosa está Seth Gabel, me voy a hacer católico). Francamente, está bien que la gente hable de deidades femeninas (por fin se enteran). No diré nada, porque no merece mi divina atención (he estado centrado en la final de la Champions League, que eso sí es cosa seria). Pero mirémoslo un minuto: Premisas, conclusiones. Partiendo de premisas, erróneas o no, hasta un crío es capaz de obtener conclusiones.
Y ahora sí hablaré en serio. Creo en James Joyce y creo en Oscar Wilde y creo en William Faulkner. Los tres hablaban de historia a su manera, pero los tres se dieron cuenta de que la única verdad existía para ser contada, y que, más allá de la verdad de lo relatado, la belleza estaba por encima de la realidad. Puede ser una belleza cacofónica o una belleza griega, una belleza proporcionada o cacofónica, pero Schöenberg también era música. Quizá el gran hallazgo de este siglo (que quizá generaciones venideras desmonten) sea el advenimiento de una nueva moral basada en la belleza. Cuando desmontemos las normas escritas, cuando luchemos contra el academicismo artificial, quizá logremos algo francamente difícil: Contemplar la belleza académica desde una nueva perspectiva, libres por fin del corsé formal.
El problema de toda colectividad se basa en el miedo de estos individuos a pensar por sí mismos. He ahí la gran polémica del libro (y de la recién estrenada película). Los individuos siempre han necesitado un guía y un pastor, sea quien sea (debo limpiar mi estatua de Joyce, recuérdenmelo). No importa lo que la historia diga, hemos de mirar más allá del silogismo, más allá de la verdad histórica (y por tanto historicista) y pensar en la verdadera belleza del silogismo.
¿Es todo artista sensible? Quizá la premisa esté equivocada. Dijo Oscar WIlde en su prólogo a "El Retrato de Dorian Gray": El artista es el creador de cosas bellas. No importa si los artistas son sensibles o no, o si la sensibilidad es la condición para la creación de la belleza. Miremos al silogismo. ¿Les gusta? Entonces es verdad para ustedes, más allá de la historia.
Un día, el mundo se liberará de ese cáncer llamado historia.
Orgullosamente suyo,
Martín Cid
sábado, mayo 13, 2006
Dicotomías
Desde luego, el personaje será un fumador.
No es que pretenda hacer "guerra sucia", lo cierto es que me da absolutamente igual si la gente fuma o no. El único motivo por el que deseo que fumen es que, de no hacerlo, convertirían el tabaco en un bien (BIEN) minoritario, y sería más complicado hacerse con él. Ahora debe estar hasta prohibido hablar de los beneficios del tabaco, pero piénsenlo: Terminaremos todos en la cárcel tarde o temprano.
Como en una buena sociedad (justa, democrática y parlanchina) tenemos leyes para todo. Vivo en Madrid. No sé si la habrán quitado, pero hace años había una ley, supongo que sigue habiéndola, que prohibe correr por la calle. Claro, tenemos centros habilitados para eso. También hay una ley que prohibe (expresamente) situarse fuera de la acera. Un ejemplo sería: Llegamos tarde al autobús, no tenemos dinero, corremos para cogerlo, esperamos diez centímetros fuera del bordillo... ¡A la trena!
Algunos (perspicaces) lectores argüirán: ¡Esto no sucede! Cierto señores, no sucede, somos seres libres bien-pensantes, que incluso tenemos la suprema libertad de echar una "carrerita" para coger el autobús. Pero incluso de las leyes más absurdas se infieren las consecuencias más crueles. Vivimos en un Universo Kafkiano, gobernado por la burocracia y leyes que, salvo que seas abogado, es imposible conocer (al menos todas). Las leyes, en teoría, protegen al ciudadano sobre los posibles abusos. Sí, es igual que al pobre Joseph K., al cual incoan un proceso que no conoce pero... ¡Alabemos! el sistema le da las armas para defenderse. Podremos decir al juez (que, probablemente fumará sustancias prohibidas, esperémoslo por nuestro bien) que "es una ley absurda". El buen juez nos comprenderá y pondrá cara de circunstancia: No estamos aquí para discutir la ley, sino para cumplirla.
De leyes tan absurdas como éstas se deduce que la ley está creada para pillarnos. La diferencia con el método stalinista es que, dentro de su crueldad, era más humana. Podemos ver cómo desaparecen, a medida que son eliminados por el "capo" de turno, los miembros del partido de la foto. Los pobres habían cometido el pecado (supremo) de no cumplir los dictámenes del jefe (o ya no eran útiles). Recuérdenlo cuando hablen con el juez, amigos lectores, porque ay de ustedes si no tienen un trabajo cuando sea dictada la sentencia: ¡Será motivo agravante!
Nuestra "democracia" es una "dictadura de la clase política". Por decir esto, de no contar con los servicios de un buen abogado, me podrían encarcelar. Existe también una ley que, en teoría, sirve como defensa del ciudadano: Si se expresa una opinión, no es motivo de delito. En Alemania aún encarcelan a señores historiadores por dar su opinión (estemos o no de acuerdo con lo que dice, no deja de ser una opinión). Llegamos a un tiempo en el que, cualquier idea que escape ligeramente a los "ideales establecidos" es objeto de burla cuando no condena implícita.
Señores (y señora o señorita que amablemente me lee), rasguemos de una vez nuestras vestiduras y recordemos el pasado. Hubo condenas y matanzas, y las habrá en el futuro, pero dentro de este salvajismo medieval... encontramos a un ser humano capaz de, por vez primera, ser hombre. Aquellos hombres, en su suprema estupidez, eran doctamente sabios, casi divinos en su falta de conocimiento. De sus enseñanzas perviven la cábala y la Biblia... No sabían qué era un ordenador, pero dedujeron las leyes de pensamiento basadas en silogismos (que luego aplicaría la informática en la programación). No sabían nada de leyes y, sin embargo, tuvieron la fuerza para poder pecar.
Amigos míos, no hablo de tabaco: Fumemos un minuto.
sábado, mayo 06, 2006
Comienzo.
Primero, recomendar un artículo muy agradable, sobre todo a los no fumadores (para que empiecen de una vez, que ya es hora).
Cómo_los_mass_media_manipulan
El artículo está bien escrito. Un miembro del Club de la Pipa lo recomendó, y así me permito la osadía de recomendarlo.
Ahumados saludos para todos.